Funcionarios con sotana

Con las canas que peina uno debería estar ya curado de espanto. Sin embargo, aún hay muchas cosas que me indignan como cuando contaba con menos febreros  en la mochila y la paciencia no era una de mis virtudes.

Hace unos días, leía una información inquietante en El País sobre que la Iglesia católica inscribe como propios miles de inmuebles y solares propiedad de municipios o sin constancia registral, es decir, sin dueño conocido. En materia inmobiliaria la Iglesia arrastra prebendas desde la época del franquismo. Y no se ha parado ahí. En 1998, la supresión de un artículo del vetusto reglamento hipotecario por parte del Gobierno de Aznar multiplica los privilegios de esta confesión religiosa. Esta modificación legal abre la espita la apropiación de patrimonio público o privado. Gracias esta artimaña, orquestada sibilinamente por la derecha, los prelados se han puesto las botas a costa del Estado en un auténtico proceso de amortización (¡Ay si Mendizábal levantara la cabeza!) en todos los rincones de España,  aunque especialmente en Navarra.

Lo más llamativo es que los obispos tienen la consideración de funcionarios públicos y pueden otorgar títulos de dominio. ¿Cómo adquieren la condición de empleados públicos sin haber pasado una oposiciones y nadie hace nada para frenar esta ilegalidad? ¿Cómo en un país democrático con una Constitución que cuenta con casi 33 años de vida y consagra un Estado aconfesional se puede conceder a los representantes del Estado Vaticano en España esa prerrogativa? ¿Cómo se tolera el expolio de bienes, inmuebles y fincas que son propiedad del Estado? Cuando un Estado gana terreno a otro Estado se puede entender como anexión o conquista por muy pacífica y silenciosa que está sea y además, por muchas conexiones divinas que tenga, nos está escamoteando algo que es de todos.

Cada día resulta más incomprensible el mantenimiento de ese fuero medieval del que goza la Iglesia católica. El dichoso Concordato nos lastra a un pasado que ya teníamos que tener más que superado. Es una losa cada día más insoportable para nuestra democracia. Un escándalo.

Foto.El País. Catedral de Navarra se, restaurada con dinero público antes de que la Iglesia se la apropiara.