Camps, en el banquillo

No por esperado deja de tener trascendencia política y social. La justicia procesa a Francisco Camps por un delito continuado de cohecho impropio, o dicho de una manera entendible, por recibir regalos de la trama Gürtel por valor de 140.000 euros. ¡Los famosos trajes! El presidente valenciano se sentará en el banquillo de los acusados y tendrá que rendir cuentas por sus íntimas relaciones con sus “amiguitos del alma” de la trama corrupta. La pieza de los trajes es la punta del iceberg de este escándalo de corrupción, el mayor de la historia de la democracia española. Camps está tan acorralado que ha tenido que cambiar de argumento sin que se la caiga la cara de vergüenza: de afirmar hasta la extenuación de que no había recibido trajes a admitir en la vista preliminar que los aceptó como presidente del PP y no como titular de la Generalitat, una larga cambiada que huele a podrido. A falta del juicio oral con jurado popular, se plantean unos interrogantes: ¿Aguantará Camps en el cargo como si nada pasara? ¿Mirará el PP a otro lado mientras a los adversarios políticos a las primeras de cambio les exigen la dimisión? ¿Se quedará la ciudadanía impasible ante este nuevo episodio? Mucho me temo que sí en los tres casos.