Moral dúctil

La moral del Partido Popular es acomodaticia y dúctil. Se adapta a cualquier circunstancia en función de sus intereses con impudicia y bochorno. Los valores de esta derecha oportunista se moldean con la arcilla a tenor de la ocasión. Estos fariseos de la política se pasan el día dando teóricas lecciones y no se aplican ninguno de los postulados. Especialistas en patrañas, insidias y mentiras, se erigen tribunal inquisitorial ante los adversarios y luego practican una condescendencia infinita con los errores propios, derrochando desfachatez hasta producir vergüenza por la maleabilidad de sus principios.

Nos desayunamos esta mañana que el PP incluye en sus listas de Valencia hasta 11 imputados o implicados en casos de corrupción. Entre Gürtel y Brugal pasando por Fabra, la comunidad que dirige el trajeado Camps está llena de cloacas de una gestión bajo sospecha. Empezando por el presidente de la mirada torva y acabando por Ricardo Costa, ése al que Rajoy no conoce en una demostración clínica de amnesia selectiva, las candidaturas valencianas constituyen un catálogo de despropósitos. ¿Dónde está el código ético del PP? Tan exigentes con los demás y tan benévolos con los propios. Conociendo a este personal, no tendrán reparos en seguir arreando cera a sus antagonistas como si nada hubiera pasado. Son así de cínicos. Ni una palabra de autocrítica.

Los medios de comunicación se han despachado a fondo con este descomedimiento que deja en mal lugar a la cúpula nacional. El Mundo, uno de los periódicos de referencia de la derecha patria, considera “inaceptables” y un “gravísimo error” unas candidaturas que “son una vergüenza y un desafío a la lógica”. En su ticket diario, el director de La Vanguardia lamenta esta “chapuza”, sólo entendible “desde una posición de desprecio absoluto a la justicia”, que refleja la ausencia de “autoridad” de la dirección nacional. Todas las cabeceras aluden a este episodio chusco, salvo ABC, tan justiciero con otros, que no sólo no lo lleva en portada, sino que no le dedica una línea en su interior. ¡Curioso olvido!

Foto.– Ricardo Costa, entre Camps y Rajoy.