Agresión y doble vara de medir

En Murcia unos desalmados han golpeado salvajemente al consejero de Cultura, Pedro Alberto Cruz, que permanece ingresado recuperándose de las heridas. En una democracia cualquier tipo de violencia exige la condena sin paliativos y que los mecanismos del estado de derecho funcionen para detener a los responsables. Ambas cosas se han producido sin dilación. Sin embargo, el Partido Popular está intentando rebañar algunos votos blandiendo un victimismo exagerado y acusando sin pruebas al PSOE de ser el inductor del altercado. Algunos columnistas de supuestas campanillas conservadoras y alguna cabecera, como La Razón, ya se han sumado pelotón de fusilamiento de la izquierda. No han aguardado a conocer los resultados de la investigación policial para señalar al culpable.

Es proverbial la doble vara de medir del PP. En el triste episodio de Murcia, Mariano Rajoy y sus huestes intentan incriminar a la oposición por sus críticas a los despidos que llevan aparejados la reestructuración del sector público en esa comunidad autónoma. Sin embargo, en Andalucía Javier Arenas ejerce de pirómano echando gasolina al conflicto de los empleados públicos, jaleando a un grupúsculo de radicales que emplean la coacción y la amenaza contra el PSOE y la Junta. Por suerte, de ese frente extremista se han desmarcado CSIF, Ustea o Safja, aunque el PP sigue emboscado moviendo los hilos de una plataforma que no tiene representación sindical.

El lamentable incidente de Murcia exige una rectificación inmediata de la postura revanchista e irresponsable de Arenas. Ya está bien de tirar la piedra y esconder la mano, de esconderse detrás de unos exaltados de ideología reaccionaria para conseguir réditos electorales. No vale cualquier atajo para conseguir un objetivo político. Por higiene democrática, el PP no puede seguir ni un minuto más sin condenar a los que utilizan métodos mafiosos y crispan la convivencia democrática sólo porque le viene bien a sus intereses particulares. Tanto posibilismo repugna.