Belcebú

Alfredo Pérez Rubalcaba se ha convertido en el Belcebú que quiere exorcizar la Santa Inquisición mediática. El vicepresidente del Gobierno pone de los nervios a la trinchera propagandística de la derecha española. Lo presentan como un diablo, un ser abominable, un alma perversa desde que lo han proclamado en sus justicieras páginas sustituto de José Luis Rodríguez Zapatero. La visceralidad, la inquina y la paroxismo de estas cabeceras dejan en evidencia la deontología profesional y la función social que han de cumplir los medios de comunicación. Basta repasar el kiosco hoy para comprobar la respuesta rabiosa y colérica de ese tridente de papel que componen El Mundo, ABC o La Razón a la visita de Rubalcaba a Afganistán para dar ánimos a las tropas españolas que cumplen con la misión de Naciones Unidas. Esta carnicería periodística, con Pedro J. Ramírez con inquisidor general, sólo puede obedecer a que la derecha patria teme por el resultado electoral en 2012, de lo contrario no se entiende esta campaña desbocada y furiosa contra el número dos del Ejecutivo español.

También escribe hoy de esta cruzada conservadora José María Izquierdo. En su blog, con el título Periodismo recreativo, este analista político desmenuza “la ración imprescindible de insultos a Rubalcaba“. Sólo un aperitivo: la curiosa sentencia de una Sala de la Audiencia de Madrid que considera que “llamarle a alguien falsificador, gran mentiroso, gran embustero, gran perjuro, manipulador, despojo humano, no es sino producto de una sanísima rabia periodística, y no producto de una intencionalidad lacerante“. El que firmaba este texto irrespetuoso y procaz era Federico Jiménez Losantos y El Mundo hacía de soporte purificador para su difusión. El periodismo español no media, actúa de agitador y parte del debate político para espantar sus demonios particulares.

Foto.Efe en El País.