Borrachera

La derecha patria está ya ebria de éxito, embriagada de euforia. Y en Andalucía entre el limbo y el éxtasis. El runrún de unas encuestas ha puesto a toda la maquinaria del Partido Popular, especialmente en esta comunidad autónoma, al borde de un ataque de nervios vendiendo triunfalismo a espuertas. Espoleados por unos pronósticos que a falta de año y medio para las elecciones no dejan de ser una foto de un momento determinado, las huestes de Javier Arenas están envalentonadas, crecidas, bravuconas y borrachas de un optimismo infundado, ya se ven sentados en el Palacio de San Telmo.

Y no sólo se observa esa excitación en su discurso arrebatado, corrosivo e impetuoso, también en un lenguaje no verbal que destila altanería, soberbia, prepotencia o poses chulescas. Se ven vencedores y les ha brotado esa vena agresiva y chocarrera de la derecha. Se mueven con el ansia del ajuste de cuentas con una historia que, desde el punto de vista electoral, le ha dado la espalda en Andalucía, una sociedad que tiene corazón de izquierdas y muy buena memoria.

Bien se podía aplicar la derecha el refrán de no vender la piel del oso antes de cazarlo. Más si cabe cuando el pueblo vota en libertad y decide con autonomía su voto. Al jefe de la tribu pepera andaluza se le acaban las opciones. Intenta por cuarta vez su asalto al poder. Ha reconocido él mismo a los medios de comunicación que tiene hambre de poder. Tras casi treinta años acumulando derrotas se lo juega todo a una carta, la última que le queda, aunque parece tener siete vidas como un gato. A su consabida alianza con la crisis están incorporando el ruido, la crispación y el embarrado del terreno de juego político. Ante la carencia de propuestas quieren ganar desde la destrucción y la algarada generando un ambiente irrespirable para la desmovilización del electorado. Saben que en buena lid se les vería que sólo tienen fachada y ningún fondo.