Prohombres y villanos

Es injusto medir a todo el mundo con el mismo rasero. En el empresariado español, como en cualquier otro gremio, convive gente de todos los pelajes. Cohabitan en la patronal prohombres y villanos, diplomáticos y groseros, educados y salvajes, capaces y botarates, emprendedores y buscavidas. Cada familia tiene sus ovejas negras.

En las últimas horas nos hemos topado con ejemplos de estos dos prototipos. El atribulado presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, en su huida hacia el precipicio, nos ha dejado una perla de las que no se olvidan y que demuestran la naturaleza de este individuo: “Sólo se puede salir de la crisis trabajando más y ganando menos”. Ante semejante disparate le ha caído un chorreo desde todos los lados, especialmente desde la izquierda y los sindicatos. Este empresario que no es ejemplo de virtud y buena gestión, como demuestra su reciente trayectoria en sus sociedades, nos quiere retrotraer a los tiempos de explotación y ausencia de derechos en los tajos. Mientras tanto los ejecutivos de las grandes compañías poniéndose las botas, por ejemplo los banqueros de Wall Street repartiéndose más de 104.000 millones de euros en primas.

Veinticuatro horas más tarde, un banquero más fino y juicioso como Emilio Botín, patrón del Santander, la primera firma española y una de las más rentables del planeta, ponía el contrapunto dejando en evidencia que en el empresariado español hay clases. Botín, que tampoco es santo de mi devoción pese a su admirable expediente, corrigió al temerario Ferrán con un toque de distinción: “Hay trabajar más y formarse mejor”. Con este giro, este prócer de las finanzas se salva de la quema con un llamamiento cortés, prudente  y necesario al aumento de la productividad de la economía española.

Dos caras de la misma moneda. En el haz, el sentido común, el saber estar y la altura de miras. En el envés, el recurso fácil, chocarrero y montuno. Un prohombre y un villano.

Foto.- Público.