Una carta oportuna

Reproduzco a continuación una carta abierta dirigida por Pepe Barragán, compañero de militancia, al escritor y periodista Antonio Burgos, un columnista que se pronuncia con una ligereza que, a veces, frisa con la insolencia y la falta de respeto en su popular Recuadro. El texto responde a uno publicado por Burgos en ABC de Sevilla donde despacha, con su proverbial insensibilidad hacia las cuestiones de justicia social o que considera de progres, la indemnización de la Junta de Andalucía para las mujeres que fueron vejadas y humilladas durante la directadura franquista por el tan punible hecho de ser esposa, hermana e hija de republicano.

CARTA ABIERTA

Don Antonio, he leído su artículo sobre las indemnizaciones a mujeres vejadas durante la guerra incivil (ABC de Sevilla 26-Sep-2010). Lo primero que me ha llamado la atención es que, del tono de sus palabras se deduce que se siente usted ‘jodido’.

Que usted critique al gobierno socialista de la Junta de Andalucía no es ninguna novedad (me pregunto que de qué hablará usted a partir del día en que un presidente de la derecha se siente en esa presidencia, [que no será Javier Arenas]).

Lo que sí es novedoso es que, para hacerlo, rebusque en los antecedentes familiares de los miembros del Gobierno para lanzarles a la cara la pertenencia de sus antepasados a alguna estructura del Estado franquista, como si en ese Estado se le permitiese a alguien no vincularse a él de cualquier forma y en cualquier actividad. Políticos, empresarios (grandes y pequeños), sindicalistas verticalistas elegidos por la patronal, maestros, médicos, militares, policías, guardia civiles… y periodistas. Todos encuadrados en su organización profesional o en la estructura orgánica correspondiente, pero todos tragando.

Claro está, había quien lo hacía a su pesar y quien disfrutaba con ello. Algún familiar mío se vio obligado a entrar en la Policía Armada (nombre de la época) para escapar del hambre de las tierras extremeñas. Mientras aquí los Beltrán, Colina, Suárez y otros guardias civiles y policías disfrutaban torturando en la Brigada Político-Social.

Don Antonio, le decía que le veía a usted ‘jodido’ y eso puede explicar de qué forma tan clara se ha retratado usted en este artículo.

Abandona usted toda su gracia para el ripio y la rima fácil y acomete su redacción con términos y frases como “Parte de Derrota”, “los que la perdieron” o “Ejército nacional”, todas de indudable significado filofranquista. E intenta compensarlo poniendo en valor a Santiago Carrillo y al PCE de la transición, que están fuera del poder.

Por el primero siento una gran admiración y me honra con su amistad. Respecto del PCE, milité en él bastantes años y se perfectamente lo que dio de sí después de esa transición. Pero no se engañe usted en el solitario ni intente engañarnos a los demás, ¿usted hubiese aceptado de buen grado un gobierno del PCE de Carrillo en la Junta de Andalucía? ¡Anda ya!

Con todo, lo más importante de su artículo no es que critique las indemnizaciones y el reconocimiento, ni tan siquiera el que utilice usted expresiones propias de una ideología totalitaria. Lo peor, lo más indignante es la manera en que trata usted el recuerdo de aquella mujeres vejadas, insultadas, apaleadas, violadas, denigradas y, en muchos casos, al final asesinadas.

“Supongamos que los nacionales (…) vejaban incluso a las muchachas de 16 años…”, dice usted en su artículo. ¿Supongamos?, no, Don Antonio, nada de suponer. Está comprobado: en Fuentes de Andalucía, Josefa González, de 16 años; la hija de la Polonia, de 15 años; la hija de Manuel de la Melliza, de 14 años. Por ellas no se preocupe usted, Don Antonio, no pedirán los 1.800 euros ni el reconocimiento. Fueron asesinadas después de violarlas y arrojadas a un pozo.

Ellas son sÓlo un ejemplo. Lea usted el libro de la profesora Pura Sánchez, ‘Individuas de dudosa moral’ (Ed. Crítica, 2009), y si después no se le cae la cara de vergüenza por su artículo es porque habrá perdido toda capacidad de autocrítica y humanidad.

Pone usted en duda la honestidad y honradez de estas mujeres. Las muestra usted dispuestas a vender su voto por dinero. Las vilipendia, imaginándolas a todas, las que sean, en un geriátrico, llamándolas “pelonas represaliadas”.

¿Sabe?, mi madre, de 86 años, originaria de un pequeño pueblo pacense, no fue vejada ni rapada, pero las vio. Vio atrocidades que no olvidó nunca y que aún recuerda. Ahora vive sola, por propia decisión y atiende su casa en la medida que su fuerza física se lo permite. Me lo contó muchas veces, aunque enseguida me decía aquella frase que el franquismo se encargó de meter en las cabezas de los españoles: “Tú no te metas en nada”. A ella no le ocurrió, de lo que me alegro, pero de haberle ocurrido no tendrían que ir “por los geriátricos buscando pelonas represaliadas”.

Mi suegro, también con 86 años, vive en las mismas circunstancias y, a pesar de todo lo sufrido, aún le quedan ganas y fuerza para estar al frente de su asociación de jubilados. Le quedan fuerzas para eso y para cagarse en los muertos de usted, si llegara el caso (estoy seguro que esto último no le ofenderá ya que es un recurso al lenguaje popular que usted utiliza con frecuencia).

En fin, Don Antonio, que resulta doloroso tener que leer un artículo referido a protagonistas del sufrimiento por culpa de un régimen sanguinario, para que encima usted utilice ese lenguaje soez, muy culto y muy soez, que traducido a la jerga de los jóvenes de hoy día nos haría a todos dudar de su educación, la de los jóvenes, porque la suya ya ha quedado patente.

Como le decía, le veo a usted ‘jodido’. ¡Y yo que me alegro!

Atentamente, José Barragán.