Servicios a la comunidad

Hay datos que consuelan y que nos hacen albergar esperanzas. El 90 por ciento de los jóvenes de entre 14 y 18 años sancionados con servicios a la comunidad no reinciden. Siempre me han parecido ejemplares las sentencias del juez de menores Emilio Calatayud y una muestra del camino a seguir, al menos, para aquellas infracciones menores y faltas. Las cárceles, por desgracia, en la mayoría de los casos no ayudan a la reinserción. En este ámbito el modelo judicial anglosajón nos lleva mucha ventaja y ya va siendo hora que empecemos a recortarlas.

Gracias a una información del Grupo Joly, hemos podido conocer que el éxito de esta modalidad de sanciones radica en que las tareas encomendadas se ajustan al perfil de los infractores y se les somete a un control exhaustivo para que cumplan con su castigo social. Y resulta más interesante aún el hecho de que los jóvenes se sienten útiles y estimulados porque la sociedad no les da la espalda y tienen una segunda oportunidad.

Las encomiendas para pagar por sus errores van desde limpiar las pintadas que hicieron ellos mismos o incluso terceros, cuidar a enfermos de las unidades de lesiones medulares después de provocar un accidente de tráfico o atender a indigentes y ancianos. Son cometidos de interés social, alternativas pertinentes para restituir el daño provocado, y de camino se corrige el rumbo a esos chicos y chicas que están bordeando el precipicio. Ésta es la senda adecuada.

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