Moguer 1936: posdata

septiembre 11, 2010

El franquismo construyó su propaganda sobre un espeso manto de silencio. La represión brutal contra la militancia de izquierda aceleró la desmemoria colectiva. En Moguer 1936, el historiador Antonio Orihuela concluye que “el miedo y la vergüenza” ocultó una verdad cruel y sangrienta hasta el punto que “los hijos, escarmentados de la experiencia sufrida por sus padres, tratarían, en muchos casos, de alejarse de aquel pasado perverso que les impedía integrarse en la sociedad”. Esa poderosa neblina sobre el pasado ha llegado hasta nuestros días y, gracias a esta investigación, alguno, como el que suscribe, ha conocido las peripecias de allegados republicanos que en el seno de la familia se habían mantenido en el más absoluto mutismo. Ese pavor a releer ese episodio negro de la historia hace que la mayoría haya pasado página en una actitud defensiva  y asustadiza, comprensible quizá desde la crudeza de los acontecimientos vividos.

En este libro he conocido que uno de mis bisabuelos, Manuel Bermúdez Rodríguez, fue concejal del Ayuntamiento de Moguer tras el triunfo del Frente Popular en 1936, y como consecuencia de ello sufrió en sus carnes las represalias del régimen fascista. Aunque corrió mejor suerte que los 148 asesinados, este representante del Partido Republicano Federal a sus 72 años fue condenado a seis años y un día por su vinculación política. Cumplió algo más de año y medio de la pena y salió en libertad tras la amputación de una pierna por una enfermedad sin especificar. Su hijo y mi abuelo materno, Manuel Bermúdez González, fue asesinado por un fascista en 1934, un crimen cuya investigación no se concluyó.

Otro familiar que dio con sus huesos en presidio por participar en la corporación democrática de Moguer fue mi tío abuelo Juan Gómez Cruz Borrego. Militó en el Partido Sindicalista, el brazo político de los anarquistas de la CNT, y le fue impuesta una condena de seis años y un día de cárcel. Como ya había pasado varios meses en la prisión provincial de Sevilla, quedó en libertad condicional.

Las dos ramas de mi familia materna (de ahí proceden mis raíces moguereñas) padecieron el castigo de los golpistas y en mi casa nunca se comentó nada al respecto. Se dejó caer el telón del olvido a fin de alejar de la virulencia de lo padecido. El régimen del miedo (o el miedo al régimen) surtió efecto.

Posts relacionados.Moguer 1936 (I) y Moguer 1936 (y II).

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Una respuesta to “Moguer 1936: posdata”

  1. ABuenavantura Says:

    Esa fue y es la realidad por siempre.


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