Neira, de héroe a villano

Nunca me ha gustado el profesor Jesús Neira, me echaba para atrás su tono desabrido, bravucón y agresivo. No se puede dejar de reconocer que protagonizó una acción encomiable (salir en defensa de un mujer que estaba siendo agredida por su pareja) que lo catapultó a la fama y que casi le cuesta la vida. Su estrella se ha apagado pronto ahogada por los efectos del alcohol: ha sido condenado por conducir ebrio. Ha pasado de héroe a villano en el tiempo que se consumen dos trozos de hielo en un whisky on the rocks, que diría el maestro Sabina.

Esperanza Aguirre se montó apresuradamente en la ola del populismo para darle un carguito a Neira, atraída por su popularidad y para apuntarse un tanto de cara a la galería. Ahora, cuando las cañas se han tornado lanzas y ha aflorado el verdadero rostro del personaje despojado de su capa de Supermán, se ha desentendido con urgencia de su cínica apuesta. Lo han usado y lo han tirado. Al profesor lo han abandonado como a un muñeco roto.

Y lo han hecho sin clase y con una enorme cobardía política. ¿Si consideraba que no podía permanecer como presidente del Consejo Asesor del Observatorio de Violencia de Género, por qué no lo han destituido en el acto? Aguirre ha actuado a la tremenda y, en lugar de revocar el nombramiento del susodicho, ha suprimido el órgano. Esta decisión tan arbitraria y visceral tiene posibles lecturas muy negativas: o el Consejo Asesor era un instrumento perfectamente prescindible y se estaba dilapidando el dinero público para colocar al flamante fichaje de Doña Espe o, lo que sería más grave, a la presidenta de Madrid le importa un rábano la lucha contra la violencia de género.

Quien mal empieza, mal acaba…

Foto.ABC.