Moguer 1936 (y II)

El libro Moguer 1936 es un alegato sereno pero comprometido por la recuperación de la memoria histórica. Antonio Orihuela cuenta con rigor lo que ocurrió en los días posteriores al alzamiento militar del 18 de julio en esta localidad onubense. Aborda con distancia emocional y con criterio y rigor científicos esos momentos trágicos y convulsos, no pretende “hacer un relato exculpatorio de los vencidos“. “Es cierto en Moguer, ante el golpe de Estado y como reacción al mismo, hubo quienes causaron destrozos en bienes eclesiásticos y civiles, cometieron robos, infringieron malos tratos verbales a personas de derechas y hasta llegaron a cometer un homicidio, pero tales actos jamás podrán justificar la represión brutal y el asesinato de casi 150 personas, el destrozo de sus casas y sus bienes, el asalto y destrucción de la propiedad privada y sedes de los partidos y sindicatos de izquierda, los robos o las violaciones… Y a los que escaparon de la carnicería les esperaba la cárcel, la tortura, los campos de trabajo, las denuncias, la libertad vigilada y las vejaciones“.

Esta realidad de Moguer es extrapolable a muchos municipios de Andalucía y de España. Por eso, como precisa el autor, “aunque la memoria no puede ser la sustituta de la justicia, al menos, allí donde no hubo justicia, quede la memoria que nos haga conocer […] sobre aquel crimen contra la humanidad que se desató en las provincias del suroeste español“. Este documento histórico se entiende como homenaje a la verdad y como reconocimiento a las víctimas. Como precisa el profesor Orihuela, “no por sus creencias, sus ideas o su conducta, no porque fueran santos, buenos […], sino porque fueron objeto de la violencia, el ultraje, de la degradación, del terror y la muerte“.

En definitiva, una investigación que arroja luz sobre uno de los muchos agujeros negros que escondió la propaganda franquista, “entendiendo la memoria de las víctimas como la afirmación de una injusticia cometida sobre cuyo olvido se ha construido nuestro presente“, puntualiza el historiador. Con propuestas tan solventes como ésta se recupera la memoria y se escribe nuestra verdadera historia, no la versión maquillada que algunos pregonaron… Y de camino se consuela a los familiares de las víctimas después de décadas de dolor y sufrimiento.

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