Moguer 1936 (I)

agosto 25, 2010

Me estoy leyendo el libro Moguer 1936, del historiador Antonio Orihuela, con muchísimo interés. Desde una perspectiva personal, porque toda mi familia materna es nativa de esa  localidad onubense y, aunque nacido en Sevilla, sigo manteniendo el lazo sanguíneo con el pueblo y una casa familiar (ubicada curiosamente en el antiguo  “barrio rojo”) donde paso algunos días del verano cada año. Y de alguno de los episodios narrados o detalles de la radiografía social que se recogen en este volumen ya tenía conocimiento por el íntimo boca a boca, comentarios de mi abuela, de mi madre, de mis tíos y de otros amigos y allegados, alguno de los cuales, aún con vida, ha participado como fuente oral en la confección de este oportuno documento.

Desde una dimensión política, porque este tipo de investigación científica viene a replicar desde el rigor a una versión de la historia contada a su manera, con la óptica distorsionada o el celo de ocultar un genocidio en toda regla, por los vencedores de la sublevación militar de 1936 contra un régimen democrático como fue la República española. O silenciada por el terror que sembró el franquismo. Lo escribe con claridad meridiana el autor en la introducción: “El terror franquista será conocido más por ese silencio que ha terminado por esterilizar las conciencias que por los desaparecidos… El silencio que la dictadura impuso se mantiene como una mordaza… hasta el punto que cualquier referencia al terror franquista ha terminado siendo objeto de burla y de desprecio“. [Algo similar pero relacionado con el día a día actual me decía hace unas fechas una apasionada socialista de los aledaños de la calle Picos sobre las esperanzas de ganar en las municipales de 2011: “Este alcalde (del PP) no vale nada, pero no se puede hablar muy alto porque hay mucho franquista suelto“. Esta inquietud y esa desconfianza siguen instaladas en los genes de Moguer.]

Volviendo al libro, el profesor Orihuela entiende que es fácil olvidar para aquellos que no sufrieron en sus carnes el franquismo. La pertinencia de este libro no merece ningún tipo de cuestionamiento. “No es cierto que esta publicación sea un escándalo, el escándalo es que se haya escrito en el año 2009 y por historiadores de varias generaciones después de ocurridos los hechos. Lo verdaderamente escandaloso pasó hace más de setenta años, en 1936“, subraya con acierto el autor.

Este relato quizá llega algo tarde, se ha perdido mucha documentación de la época, destruida durante los cuarenta años de opresión y en los primeros de la Transición, y se está “bordeando el punto de no retorno de la memoria oral” con la desaparición de muchos de los protagonistas de aquellos trágicos años. Por eso, comparto con este historiador que el cómodo refugio de pasar página significa “aceptar que nuestro presente esté construido sobre el genocidio, la violencia, el olvido y la lectura triunfalista de la Historia“.

Mañana, segundo y último post sobre Moguer 1936.

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