Un frenazo para CiU

En los cuarteles generales de Convergència i Unió (CiU) ya habían puesto a enfriar el cava ante su presumible victoria en las autonómicas catalanas de otoño próximo. Todas las encuestas, al menos hasta ahora, dan a Artur Mas como futuro president. A su tercera intentona el heredero de Jordi Pujol puede conseguir el objetivo de ocupar el sillón de su mentor. Pero hasta el rabo todo es toro. Amén de los esfuerzos de la izquierda catalana para evitar el triunfo de CiU en la recta final de legislatura, la coalición nacionalista se puede encontrar algunos contratiempos en el camino hasta la Generalitat.

El caso Palau ya le ha puesto el primer obstáculo para la consecución de ese objetivo. Un informe de la Agencia Tributaria desvela una comisión para Convergència Democrática, el partido de Mas, de 5,9 millones de euros por parte de la constructora Ferrovial. La investigación judicial pone sobre la mesa indicios de posible financiación irregular. En la totalidad de la obra de Palau de la Música, Hacienda ha detectado un desvío de más de 35 millones.

Ante esta acusación con fundamento, usando la jerga de Arguiñano, CiU no puede mirar hacia otro lado como si nada hubiera pasado. Se requiere desde la ciudadanía una respuesta convincente, más si cabe incluso en estos prolegómenos electorales. Su enroque para que pase el tiempo no vale, su silencio vergonzoso da que pensar, su cierre de filas es la antítesis de la salida ética exigible en democracia. Los nacionalistas querrán que pase pronto este cáliz envenenado y que no se trunquen sus aspiraciones en las urnas. No es de recibo el recurso al victimismo esgrimido por el propio Mas y su entorno: ni hay campaña de acoso político ni el estado de derecho actúa a conveniencia de parte. Tampoco es suficiente con lavarse las manos y echar la culpa de todo a unos delincuentes que se aprovecharon de la buena voluntad del partido. Esta nueva derivada del caso Palau le puede pasar a Mas alguna factura inesperada.

Foto.ADN. Pujol y Mas.