El lobby de Trillo

Uno se entera de algunas cosas que le hace poner en duda la igualdad del sistema en España. Hay gente que goza de unas prerrogativas que le están vedadas a la inmensa mayoría de los mortales. Ítem más, la sangrante división de la judicatura en bandos ideológicos completa el duro del despropósito.

Leo una información de El País que me indigna como ciudadano. En la sede del PP ya conocerían el fallo del Supremo sobre la pieza del caso Gurtel referida a los regalos a Francisco Camps de trajes por valor de 30.000 euros por parte de la trama corrupta (sin ser malpensado, ¿se puede sospechar de tanta generosidad?). En un estado democrático serio resultaría impensable que las resoluciones judiciales trascendieran antes del día señalado.

El estado de ánimo en la calle Génova, según se desprende de la información, ha cambiado en las últimas fechas: del pesimismo de comienzos de la semana pasada al alivio posterior tras conocer que la reapertura del asunto de los óbolos al presidente valenciano seguirá durmiendo el sueño de los (in)justos. Mariano Rajoy, a lo mejor sabedor ya del archivo de la causa, se permitió el lujo (o la chulería) de confirmar la candidatura de Camps “diga la justicia lo que quiera“. Y se fumó un gran puro.

Este tráfico de información privilegiada es obra y gracia del gabinete jurídico del PP, un auténtico lobby comandado por el ínclito Federico Trillo, un grupo de presión que se mueve entre bastidores y busca condicionar voluntades, modificar decisiones, arrimar el agua al molino de la derecha. Una mecánica que supone la pura perversión del sistema.

Esta forma de actuar coactiva y embaucadora, inasumible desde el punto de vista de la higiene democrática, contradice el discurso del PP en relación con las protestas de la sociedad civil, en concreto de los movimientos de recuperación de la memoria histórica, por el procesamiento del juez Baltasar Garzón por investigar los crímenes del franquismo. Se censura a estas personas por ejercer la libertad de expresión en el espacio público y, sin embargo, se ampara y respeta a unos conseguidores judiciales que intentan convertir en papel mojado la legislación vigente con maniobras opacas. Y todo porque la derecha se siente con el derecho natural de mandar y mangonear (primera acepción del diccionario de la RAE).

PD.- No me podido resistir a colocar esta foto de El País. Camps pidiendo perdón a Dios, que está muy bien si es creyente, pero aún estamos esperando sus disculpas a la ciudadanía por lo ocurrido durante su mandato en Valencia.