Temible aspirante

No es Mariano Rajoy un adversario político peligroso por su liderazgo, su carácter, su carisma, su don de gentes o su gracejo arrebatador. Es temible por lo que no muestra o gracias a las perlas destiladas por su subconsciente, a determinados tics que nos muestran su verdadero pensamiento. El presidente nacional del Partido Popular ofreció un avance de su programa oculto en una entrevista en Onda Cero en el programa vespertino que presenta y dirige la periodista Julia Otero:

“Camps será candidato diga la Justicia lo que quiera”.

¡Vaya tela! Una salida de pata de banco en toda regla, una barrabasada entre el disparate y la inconsistencia, una ligereza que emborrona gravemente su expediente. Para evitar tirar con munición propia, que tengo mucha y creo que poderosa, me remitiré a un diario de cabecera de la derecha española, ya sea conservadora o liberal, como El Mundo, en cuyo editorial le hace un traje (no de Milano como los de Camps) al aspirante del PP por tercera vez consecutiva al Palacio de la Moncloa.

Con el título “Rajoy da la cara por Camps y se la parte al PP”, el periódico que dirige Pedro J. Ramírez destaca el estupor de una inmensa mayoría de ciudadanos ante la desafortunada aseveración de don Mariano, lamenta el “desdén” hacia uno de los poderes de un estado democrático al poner al electorado en “el riesgo de poder acabar eligiendo a un presidente corrupto”, y critica que con esta huida hacia adelante convierte “en papel mojado el código ético de su partido”, “hace trizas su discurso” y “se pone a contracorriente de una opinión pública que exige medidas ejemplares” contra la corrupción.

Un doble estrambote de cosecha propia. Rajoy le debe mucho a Camps, entre otras cosas el ser presidente del PP con su apoyo frente a la amenaza de Esperanza Aguirre y otros lobos del liberalismo irredento, y por ese motivo se tiene que comer, si así lo decide el Tribunal Supremo, ese sapo envenenado por la corrupción del caso Gurtel. Por último, ¿en qué manos dejaríamos a España con un político que se pasa por el forro de sus caprichos al poder judicial? Los regímenes cuyos mandatarios orillan la justicia y funcionan desde la arbitrariedad nos retrotraen a tiempos de caudillos y ausencia de libertad. A este tipo de gente hay que temerlas, desde una perspectiva de defensa a ultranza de la democracia, como a una vara verde.