El síndrome kleenex

A las personas nos duele sentirnos utilizadas. Te embarga una decepción que te pesa como una losa, se apodera de ti una sensación de desencanto, el desengaño te bulle en tu interior. Una traición a la confianza de este calibre se te atraganta y te hace saltar.

Esa desilusión transmiten las palabras y la mirada de Fátima Mohamed Kaddur, la concejala musulmana de Gines (Sevilla), que ha abandonado el Partido Popular al ser “apartada y vetada” por sus compañeros de viaje político por el uso del velo. Padece el síndrome kleenex, es decir, se considera tratada como un artículo de usar y tirar. Manifiesta su enfado al sentirse estafada por unos dirigentes políticos que la han manipulado con fines malsanos: incluirla en la foto como objeto decorativo de la supuesta tolerancia y amplitud de miras de la derecha. “Me han demostrado que no me quieren”, confiesa cargada de desesperanza después de años de militancia.

Y es que Javier Arenas, presidente de los populares andaluces, le ha dado un portazo y se ha desentendido de ella. Como populista de raza, sabe que en esta coyuntura le es menos rentable. Ya no le vale y se desembaraza de ella como un juguete roto. Una actitud muy propia del jefe de la oposición andaluza: se sirve de las personas y luego si te he visto, no me acuerdo.

La situación de Fátima salta a la actualidad unas jornadas después de la polémica sobre la chica que fue separada de sus clases en P0zuelo (Madrid) por llevar la cabeza cubierta con un hijab. Este conflicto ha sido el detonante de la ruptura de la edil con su organización. La salida intransigente y agria de cualificados representantes del PP ha acelerado su periodo de reflexión. Fátima, que siempre se atavía con velo, ha dicho basta y ha dejado caer la máscara del discurso hipócrita del PP frente a la inmigración y la interculturalidad. La población inmigrante ha de  tomar buena de este episodio.