Adiós al Pacto del Saray

Ya era hora de que la sociedad granadina se desembarazara de los grilletes del Pacto del Saray. Todos los partidos políticos y organizaciones económicas, sindicales y sociales sellaron en 2001 un acuerdo para salvaguardar el carácter provincial de CajaGranada, entonces aún con el nombre comercial de La General, ante una eventual fusión con otras cajas de ahorro andaluzas. La firma granadina ha ido eludiendo los sucesivos procesos de concentración de entidades financieras dentro de la comunidad autónoma con el objetivo autárquico de preservar sus señas de identidad y su compromiso con el terruño.

Resultan paradigmáticas estas palabras pronunciadas por Gerardo Cuerva, presidente de la patronal granadina, hace poco más de un año: “CajaGranada funciona muy bien y puede suscribir pactos puntuales de colaboración, pero perder la sede, el nombre, el poder económico de Granada, no, para nada“. Estas declaraciones ejemplifican el clima y el sentir de la sociedad granadina sobre la singularidad de su caja, un enfoque que visto desde fuera se antoja localista y desfasado. Los usuarios, sean de Granada o de Huelva, lo que esperan de una entidad de ahorro son buenas prestaciones, las mejores ofertas crediticias y una gestión profesional, y no alegatos identitarios.

Ahora a la fuerza ahorcan. La crisis económica y su derivada financiera están empujando a las cajas a aumentar su dimensión y fortalecerse para ser competitivas y solventes.  CajaGranada renunció a una posible alianza con Unicaja o con Cajasol por entender, desde su autonomía, que su futuro no estaba en las fusiones, sino en proseguir su aventura en solitario. Los tiempos cambian y la propia entidad ha reconocido conversaciones con varias entidades como Caja Cantabria, Cajastur, Caixa de Baleares, Caja Extremadura y Caja Murcia para trabajar en una posible integración que daría como resultado la tercera mayor caja de España, tras La Caixa y Caja Madrid.

El proyecto de concentración financiero tiene buena pinta. Sin fructifica, saldrá una caja fuerte, con dimensión y activos. Es imprescindible ahora más que nunca aumentar el tamaño y la fortaleza en el sector financiero. No queda más remedio que redoblar la eficiencia y la competitividad. Parece que esta fusión en la que enrola CajaGranada respeta la personalidad propia de cada caja en su territorio y la obra social, integrando sólo responsabilidades y recursos. Sin ser nacionalista, y considerando ya inevitable el movimiento de integración con entidades de fuera, me habría gustado más una fusión con cajas de Andalucía.

Bárcenas no merece un réquiem

La renuncia de Luis Bárcenas, ex tesorero del PP, a su acta de senador no se merece un réquiem. Tampoco la dirección nacional de su partido se hace acreedora al pésame por el óbito político de un cargo que, de acuerdo con el sumario judicial, era el enlace de la trama corrupta del caso Gurtel y su organización. Los hagiógrafos de la derecha tienen ahora la tentación de exaltar la condición de mártir de un personaje de la esfera pública sobre el que pesa la losa de un presunto cobro de comisiones de 1,3 millones de euros. Bárcenas no parece que tenga milagros a sus espaldas para su rápida beatificación en los altares populares, salvo la multiplicación del patrimonio propio de forma injustificada.

Su dimisión como representante de la soberanía popular en la Cámara alta no tiene ribetes heroicos ni ofrece atributos morales. Su salida ha sido forzada por la opinión pública que repudia la ausencia de ética y estética en los comportamientos públicos, y que le estaba pasando factura a las siglas de la gaviota. Más que una decisión acertada, como escribe el editorialista del ABC, era la única vía de escape que le quedaba después de más de un año agarrado al sillón pese a las evidencias conocidas sobre el mayor asunto de corrupción de la historia de nuestra democracia.

La dirección del PP tampoco ha andado fina y diligente. Callada, taciturna, evasiva, muy al estilo personal de su principal dirigente, Mariano Rajoy. No se pueden poner muchas medallas porque han tardado meses en desposeer a Bárcenas de las prerrogativas acumuladas durante años de  manejo de los dineros en la sede de la calle Génova de Madrid. Se podría decir que el PP, en cuanto a contundencia para cortar por lo sano con la corrupción, tiene mucho que mejorar. Escuchar esta mañana a María Dolores de Cospedal, número dos popular, hablando en la Cadena Ser sobre la buena gestión de su partido en este asunto o sobre que Rajoy ha manejado bien los tiempos suena a sarcasmo. Básicamente, quieren burlarse de la gente con mentiras y demagogia.

La fantasía que distribuye el aparato de propaganda conservador no casa con la realidad del caso Gurtel. Hay mucha tela que cortar en el ámbito penal y, desde el punto de vista político, muchas explicaciones y responsabilidades que dirimir. Se sigue esperando una respuesta convincente de muchos dirigentes del PP vinculados a esa negra época de picaresca a costa del bolsillo del contribuyente.

Si (If)

SI (IF)
Rudyard Kipling

Si guardas en tu puesto, la cabeza tranquila,
cuando todo a tu lado es cabeza perdida.
Si tienes en ti mismo una fe que te niegan
y no desprecias nunca, las dudas que ellos tengan.

Si esperas en tu puesto, sin fatiga en la espera.
Si engañado, no engañas,
Si no buscas más odio, que el odio que te tengan…

Si eres bueno y no finges ser mejor de lo que eres,
Si al hablar no exageras lo que sabes y quieres.
Si sueñas, y los sueños no te hacen su esclavo.
Si piensas y rechazas lo que piensas en vano.

Si tropiezas el triunfo, si llega tu derrota,
y a los dos impostores les tratas de igual forma.
Si logras que se sepa la verdad que has hablado,
a pesar del sofismo del orbe encanallado.

Si vuelves al comienzo de la obra perdida,
aunque esta obra sea la de toda tu vida.
Si arriesgas en un golpe y lleno de alegría,
tus ganancias de siempre, a la suerte de un día,
y pierdes, y te lanzas de nuevo a la pelea,
sin decir nada a nadie de lo que es y lo que era.

Si logras que tus nervios y el corazón te asistan,
aun después de su fuga, de tu cuerpo en fatiga,
y se agarren contigo cuando no quede nada,
porque tú lo deseas y lo quieres, y mandas.

Si hablas con el pueblo y guardas tu virtud.
Si marchas junto a reyes con tu paso y tu luz.
Si nadie que te hiera, llegue a hacerte la herida,
Si todos te reclaman y ninguno te precisa.

Si llenas un minuto envidiable y cierto,
de sesenta segundos que te lleven al cielo…
Todo lo de esta tierra, será de tu dominio,
y mucho más aún,
serás hombre, hijo mío.

Felicidad y trabajo

Para la gran mayoría, felicidad y trabajo son conceptos antitéticos (¡esas horribles mañanas de lunes!). Para la inmensa minoría, como el veterano eslogan de La 2, el empleo se convierte en un leitmotiv existencial. Un amigo me comentaba que su hijo, licenciado con un expediente tan extraordinario que reúne más matrículas que el parque móvil español, lleva dos años casi enclaustrado para dar forma a un importante proyecto tecnológico para la red, anteponiendo su éxito profesional a cualquier otra consideración lúdico-festiva propia de su juventud. Y, por cierto, que de casta la viene al galgo porque el padre también es un trabajador estajanovista y sin horas, uno de esos que el tajo más que una pasión significa una obsesión. Nos debatimos siempre en el eterno dilema de si vivir para trabajar o trabajar para vivir.

Los especialistas en recursos humanos se las ingenian con técnicas de coaching, trabajo en equipo y estimulación para generar condiciones y ambientes placenteros en el ámbito laboral. Leo en El País un reportaje sobre la utilidad de construir un ambiente respirable e integrador en el trabajo para optimizar el rendimiento y favorecer la felicidad de los empleados. La empresa, sostiene el texto, debe crear un entorno que encauce el talento del currito y hacerlo sentirse útil y valorado por jefes y compañeros, así como favorecer un clima positivo y respirable porque lo contrario puede desembocar en el absentismo emocional y, por siguiente, laboral. El buen rollito cosecha buenos réditos.

El reportaje pone el dedo en la llaga o un pie en el suelo para no levitar en demasía. En estos momento de dificultades económicas y de destrucción de empleo, este tipo de reflexiones puede sonar a lujo asiático, esnobismo pijo o cuento de hadas: “El primer requisito para ser felices en el trabajo es tenerlo, algo que no pueden decir millones de personas. […] Tener un empleo digno, que permita trabajar en condiciones de seguridad, con los derechos protegidos, la salud, la formación adecuada. No tener eso es estar, desde luego, lejos de la felicidad”. Si no tenemos fortuna, el empleo es la prioridad número uno. De algo hay que vivir, el aire todavía no alimenta. No nos enfrentamos a una Arcadia feliz ni a un mundo de color de rosa… Más bien morado de tanto sufrir, como los ojos de la Lirio. Menos mal que la crisis ya va de paso.

Condena por pintadas callejeras

Me ha llenado de esperanza y satisfacción la noticia de unos jóvenes que han sido condenados por hacer pintadas callejeras en Alcalá de Guadaíra (Sevilla). He de confesar que ante el vandalismo en el espacio público me muestro inflexible y exigente y, especialmente, me molesta la agresión visual y el daño estético que producen las pintadas. Es una vergüenza pasear por nuestras ciudades y encontrar fachadas, mobiliario urbano, puertas metálicas, garajes e incluso monumentos e iglesias con la marca indeleble del aerosol. Ya he escrito alguna vez que no estoy contra el grafiti, movimiento artístico y cultural urbano al que hay que buscar zonas para su desarrollo, detesto en cambio a los niñatos que siembran de garabatos innecesarios y absurdos edificios públicos y privados.

Pues bien, un juez de primera instancia obliga a los dos jóvenes autores de las pintadas como autores de una falta contra el patrimonio a abonar los gastos de limpieza de los inmuebles agredidos por vis incívica. Una sanción ejemplarizante que esperemos que sirva de escarmiento para los condenados y de aviso para sus colegas de trazo incontinente.

Para estos casos hace falta una justicia al estilo norteamericano de imponer castigos de contenido social y educativo de servicio a la comunidad. En Andalucía conocemos la trayectoria del juez Calatayud, quien entre otros muchos casos falló, por ejemplo, que un joven acompañara durante 100 horas a una patrulla de policía local por haber conducido temerariamente y sin permiso o a otro lo hizo trabajar con los bomberos por haber quemado papeleras.

Posiblemente, para los dos Picassos callejeros de Alcalá de Guadaíra hubiera sido un correctivo más severo dedicar ocho fines de semana a limpiar y pintar con sus propias manos las fachadas ensuciadas con sus pintarrajos que la multa por el daño causado. Pero por algo se empieza y esta sentencia abre una vía para que nuestras ciudades se libren de la lacra del aerosol.

Dimisiones según convenga

No constituye ninguna novedad reparar en el distinto rasero que aplica la derecha: para los suyos paños calientes y para los adversarios la máxima severidad. Llama poderosamente la atención la celeridad de Mariano Rajoy en pedir la dimisión del ciudadano Gaspar Zarrías, a la sazón secretario de Estado de Política Territorial y secretario de Política Autonómica del PSOE, por asistir al acto celebrado en la Complutense de apoyo a Baltasar Garzón cuando no se ha atrevido a expulsar del partido y a exigir el acta de senador a Luis Bárcenas, ex poderoso tesorero, por su implicación en el caso Gurtel, el asunto de corrupción más grave de la historia de nuestra democracia.

Rajoy usa un baremo muy particular en las exigencias de responsabilidades políticas. Se muestra excesivo e inclemente como un ángel exterminador con los supuestos herejes de otras siglas y pusilánime y timorato con las ovejas (o mejor, gaviotas) descarriadas de su propia carne ideológica. Para sus cosas internas parece no tener carácter, aunque a buen seguro se trata de falta de autoridad. Quien no es líder no puede tomar decisiones. Se ve en cada asunto controvertido en sus filas que carece de la capacidad y la firmeza exigibles a un político con valía.

La elevación de decibelios del líder de la oposición choca especialmente cuando dirigentes del PP llevan días poniendo en cuestión la investigación judicial y los trabajos policiales sobre el caso Gurtel. La movilización contra el procesamiento de Garzón se traduce en una coacción antidemocrática al Supremo y las andanadas de la derecha contra magistrados y fuerzas de seguridad del Estado que han desenmascarado a la trama corrupta de Correa y sus secuaces no es más que el democrático ejercicio de la libertad de expresión. ¿Tiene el PP y sus palmeros dos varas de medir? Me ahorro una respuesta que es de cajón.

Por último, cualquier ciudadano está en su derecho de discrepar de determinadas decisiones judiciales. Y Zarrías no sólo posee todas las prerrogativas que le concede la Constitución española, sino que como familiar directo de víctimas de la opresión franquista (un abuelo fusilado y su padre y su otro abuelo encarcelados durante más de diez años) tiene una especial sensibilidad hacia las causas que instruye Garzón. La posición de Zarrías es de justicia y una obligación moral hacia sus ascendientes porque los falangistas van a sentar a un juez en el banquillo por intentar recuperar la memoria de las víctimas de la dictadura.

Alguaciles mediáticos de Garzón

Los seres humanos tenemos una proverbial capacidad para adaptar la realidad a nuestros intereses. Los mismos que braman contra la movilización ciudadana en defensa de Baltasar Garzón y demandan respeto a las actuaciones del Tribunal Supremo tendentes a empapelar al magistrado de la Audiencia Nacional por osar esclarecer los crímenes del franquismo son los mismos que alzan su fáctica voz contra el Tribunal Constitucional y le exigen una decisión acorde con su ideario en torno al Estatut de Cataluña. Cuando uno haciendo un esfuerzo de neutralidad y objetividad intelectual analiza este comportamiento llega a la conclusión de que el cinismo y la ley del ancho del embudo se aplican a discreción en el ala conservadora de la sociedad española.

El repaso del tridente mediático de papel de la derecha patria nos conduce a un escenario en el que la reflexión y la interpretación quedan mutiladas por el sectarismo. La concentración organizada por UGT y CCOO en la Universidad Complutense de Madrid para evidenciar la barbaridad de procesar a Garzón por querer reparar la memoria de las víctimas de la opresión franquista ha recibido una avalancha de críticas y términos despectivos de las cabeceras insignias de la derecha nacional.

ABC publica un editorial titulado Desvarío sindical donde tacha de “intolerables” e “inaceptables” la campaña “falsamente progresista” y la “operación de propaganda” que están desarrollando los sindicatos y que causan “un grave daño a las instituciones del Estado de Derecho”. En la sección El Puntazo, el diario La Razón anima al Supremo a pasar a la acción contra el “inaudito linchamiento” orquestado por “sindicalistas, actores y militantes de extrema izquierda”, un acto de apoyo al juez andaluz que ven “bochornoso” e “incompatible con la democracia”. Por último, El Mundo, con su estilo más agresivo y sensacionalista, habla de “acto guerracivilista” y no ya en las páginas de opinión, sino en las de información tanto en su portada como en las interiores.

Allende nuestras fronteras, medios de comunicación con reconocido prestigio como The New York Times se echan las manos a la cabeza por el injustificado procesamiento de Garzón. En cambio, The Wall Street Journal le pasa factura al magistrado por su concepto de jurisdicción universal a raíz de sus diligencias contra Pinochet en Chile o la dictadura argentina que, a juicio del rotativo, ha generado “anarquía legal y discordia internacional”.

Como se ve, la causa contra Garzón genera mucha controversia y mucha división de opiniones fuera y dentro de España, y no sólo embargadas por la ideología, sino fraguadas en el equilibrio de estamentos jurídicos y académicos, un hecho que nos permite colegir que la acusación de prevaricación no tiene tanto sustento… Y aún menos con convenios internacionales en la mano, donde se deja meridianamente claro que los crímenes de lesa humanidad no prescriben con leyes nacionales de amnistía o punto final. Pues eso.

Foto.- El País. Asistentes al acto de apoyo al juez Garzón, ayer en la Complutense.

El impudoroso ventilador

No hay mejor defensa que un buen ataque. Esta máxima del mundo del deporte se la está aplicando un Partido Popular urgido por sus miserias y por la presión a pique de convertirse en tragedia (electoral que no griega) debido a la gravedad del caso Gurtel. La salida de dos francotiradores de la dialéctica corrosiva y fanática, como Francisco Álvarez Cascos y Jaime Mayor Oreja, lanzando una sombra de sospecha infundada sobre la labor de policías y jueces en la investigación del mayor asunto de corrupción de la historia de la democracia española ha encontrado cobijo y altavoz en la dirección nacional de su partido. La señora Cospedal, a la sazón número dos popular, ha recogido el guante y ha vuelto a las andadas con su insostenible teoría de la conspiración sin aportar ninguna prueba, como ya hizo este verano desde un chiringuito de lujo en las playas de Marbella entre sorbito de Moët&Chandom y bocado de caviar iraní.

Se antoja intolerable que un partido que ha tenido responsabilidades de gobierno y que aspira a volver a la Moncloa zarandee sin pudor los pilares básicos de un estado de derecho, las instituciones que garantizan la convivencia en democracia, con la intención de cubrir sus vergüenzas, de intentar disimular comportamientos repugnantes desde el punto de vista ético y posiblemente penal. Es una pura maniobra de distracción a la que se sumarán corifeos de todo tipo y condición, fundamentalmente algunos medios de comunicación y creadores de opinión militantes y alérgicos a la verdad.

Hoy, en un gesto inusual pero plausible, El Mundo ha hecho una raya en el agua y le ha pedido al primer partido de la oposición que aporte pruebas o que calle en un pequeño editorial con el título El PP no debe perder los nervios. En el texto, el diario que dirige Pedro J. Ramírez señala que el partido de la gaviota “necesita algo más que meras suposiciones para respaldar sus acusaciones para no transmitir una sensación de nerviosismo o huida hacia delante”. Un suave toque de atención, pero menos jugo se extrae de una piedra.

Si fueran verdad las insidias lanzadas por el PP, no habrían tardado ningún minuto en interponer una querella contra los urdidores de la supuesta conspiración. Está manchando el expediente de cuerpos de seguridad del Estado que luchan contra el crimen organizado o el narcotráfico sin importarles un pimiento su trabajo ni las consecuencias sobre la arquitectura institucional española de una respuesta tan desproporcionada, injusta y miserable. En lugar de matar moscas a cañonazos deberían desinfectar cuanto antes su casa para evitar que las aguas fecales les lleguen hasta las cejas.

La TDT, el PP y sus catástrofes

El Partido Popular todo lo eleva a categoría de catástrofe. Cualquier episodio de la gestión pública recibe los epítetos más tremendistas, la calificación más apocalíptica posible. De tanto hiperbolizar la política, de tanto manosear los asuntos públicos con fines espurios, de tanto exprimir el significado de las palabras, a la derecha, como en el cuento de Pedro y el lobo, nadie se la cree. Esa dinámica de sobredimensionar la gravedad de los acontecimientos con palabras rimbombantes y extrema severidad no conduce nada más que al desfiladero de la banalidad, la exageración y la vocinglería.

En estos días están poniendo el grito en el cielo con la implantación de la Televisión Digital Terrestre (TDT) en Andalucía, un proceso que con los inevitables y mínimos desajustes se ha llevado a buen puerto con normalidad y diligencia. Y no lo digo yo, que puedo ser parte subjetiva en el asunto, lo planteaba en ABC de Sevilla, medio nada sospechoso de arrimar el ascua a la sardina de la Junta de Andalucía, el director general de la Federación Andaluza de Instaladores de Telecomunicaciones (Faitel), José Manuel Muñiz: “La transición de la televisión analógica a la TDT «no ha sido excesivamente problemática» y «ha mejorado el sistema de cobertura» de la televisión analógica“.

En la misma página se podía leer un texto de apoyo a la información principal en el que se recoge un extracto de un comunicado de un dirigente del PP vomitando el recetario catastrofista al que nos tiene tan acostumbrados el partido de Javier Arenas: “falta de previsión” e “improvisación” del Gobierno y la Junta. En fin, todo un desastre, como siempre ven todo en la derecha, nunca se quitan las gafas negras para analizar la realidad.

Según datos de Faitel, entre 35.000 y 40.000 andaluces no tienen acceso actualmente a la TDT, «una cifra menor a los que no podían ver la televisión analógica». No será, por consiguiente, tan mala la actuación de las distintas administraciones implicadas. El compromiso es llegar con la TDT al 98% de cobertura para las televisiones públicas y al 96% en el caso de las privadas, y completar hasta el cien por cien de la población mediante satélite. Entonces, ¿por qué se rasgan las vestiduras en el Partido Popular?

Y si escarbamos un poco llegamos a la capa del cinismo y la demagogia, el Plan Técnico Nacional de transición a la TDT que se está aplicando tiene cuño y firma del Gobierno de José María Aznar. Fue un Consejo de Ministros presidido por el estadista miembro del trío de las Azores quien aprobó un 12 de marzo de 2004, en plena conmoción nacional por los atentados de Madrid, este plan que el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero se ha encargado de ejecutar, sin apenas correcciones y con el apoyo de las comunidades autónomas, de manera eficaz y sin contratiempos dignos de mención. Así que otra vez Pedro gritando que viene el lobo.

Miralarima y su Gürtelman

La colega del blog Miralarima me cursó visita hace un par de fechas y me dejó como credenciales uno de sus posts en un comentario. Me gustó la forma tan original, sintética e ingeniosa de resumir en unos pocos versos los dos asuntos más candentes de la actualidad política española: el caso Gurtel, que trae al Partido Popular de los nervios, y la persecución concertada de los sectores más conservadores de este increíble país contra el juez Baltasar Garzón y, por este motivo, reproduzco como entrada la genial aportación de esta compañera de blogosfera:

GÜRTELMAN

No sé que tendrá de cierto
y cuánto habrá de verdad
pero digo que no miento
si digo en este rimar
que tras la Gürtel, yo pienso,
mucha tela hay que cortar
(como para hacer, al menos,
la funda para tapar
tres o cuatro rascacielos
con dos capas además).

Ha caído el tesorero
y es que no faltaba más
porque mover el dinero
cuando en la mira se está
(han dicho los documentos
que es, sin duda, un “GürtelMan”)
no es prudente ni correcto
y Rajoy iba a explotar…

Y por otro lado encuentro
que Garzón va a declarar
como imputado, cual reo,
pues pudo prevaricar.

¿Y qué es lo que me parece
y me entristece además?
Que de nuevo se merecen
que lleguemos a pensar
que los políticos quieren
ganar pasta sin cesar
y que para ello pueden
delinquir y sobornar.
¿Y dónde está la política?
Te llegas a preguntar.
Pues dentro de la justicia
(donde no debía estar)
donde jueces con pericia
se llegan a decantar
por causas que, aún legítimas,
no les vienen ni les van
pero siguen con codicia
movidos por su pensar.

Valgan estas estrofas a modo de romance del siglo XXI como colofón a una semana política de alto voltaje.