Bárcenas no merece un réquiem

La renuncia de Luis Bárcenas, ex tesorero del PP, a su acta de senador no se merece un réquiem. Tampoco la dirección nacional de su partido se hace acreedora al pésame por el óbito político de un cargo que, de acuerdo con el sumario judicial, era el enlace de la trama corrupta del caso Gurtel y su organización. Los hagiógrafos de la derecha tienen ahora la tentación de exaltar la condición de mártir de un personaje de la esfera pública sobre el que pesa la losa de un presunto cobro de comisiones de 1,3 millones de euros. Bárcenas no parece que tenga milagros a sus espaldas para su rápida beatificación en los altares populares, salvo la multiplicación del patrimonio propio de forma injustificada.

Su dimisión como representante de la soberanía popular en la Cámara alta no tiene ribetes heroicos ni ofrece atributos morales. Su salida ha sido forzada por la opinión pública que repudia la ausencia de ética y estética en los comportamientos públicos, y que le estaba pasando factura a las siglas de la gaviota. Más que una decisión acertada, como escribe el editorialista del ABC, era la única vía de escape que le quedaba después de más de un año agarrado al sillón pese a las evidencias conocidas sobre el mayor asunto de corrupción de la historia de nuestra democracia.

La dirección del PP tampoco ha andado fina y diligente. Callada, taciturna, evasiva, muy al estilo personal de su principal dirigente, Mariano Rajoy. No se pueden poner muchas medallas porque han tardado meses en desposeer a Bárcenas de las prerrogativas acumuladas durante años de  manejo de los dineros en la sede de la calle Génova de Madrid. Se podría decir que el PP, en cuanto a contundencia para cortar por lo sano con la corrupción, tiene mucho que mejorar. Escuchar esta mañana a María Dolores de Cospedal, número dos popular, hablando en la Cadena Ser sobre la buena gestión de su partido en este asunto o sobre que Rajoy ha manejado bien los tiempos suena a sarcasmo. Básicamente, quieren burlarse de la gente con mentiras y demagogia.

La fantasía que distribuye el aparato de propaganda conservador no casa con la realidad del caso Gurtel. Hay mucha tela que cortar en el ámbito penal y, desde el punto de vista político, muchas explicaciones y responsabilidades que dirimir. Se sigue esperando una respuesta convincente de muchos dirigentes del PP vinculados a esa negra época de picaresca a costa del bolsillo del contribuyente.