La moviola de Aguirre

Para aquellos que no suman tantos febreros como yo, no está de más explicar que La Moviola era un microespacio dentro del programa Estudio Estadio, que ofrecía los resúmenes de los partidos de fútbol en TVE, en el que se repasaban, imagen adelante, imagen hacia atrás, las jugadas polémicas de la semana. Algo así le ha ocurrido estos días a la siempre controvertida presidenta de la Comunidad Madrid con su insólita versión del caso Gurtel. Esperanza Fuencisla Aguirre y Gil de Biedma, condesa de Murillo y dama del Imperio Británico, siempre tan osada y tan chulapa ella, ha bailado al son de la famosa canción de Ricky Martin un pasito p’alante, un pasito p’atrás.

La aguerrida Aguirre no tuvo empacho en afirmar ante la carcajada general de la opinión pública: «Yo destapé Gurtel«. Un día más tarde, rebobinaba la secuencia y ponía mil matices a una aseveración inicial que tenía doble filo. ¿Qué ha pasado en tan sólo veinticuatro horas? ¿Dónde se ha quedado ese arrebato de heroicidad? Tiene una fácil explicación: sus asesores la alertan del riesgo que tenía aparejada esa huida hacia delante para ganar un titular en los medios de comunicación. La dirigente popular se arroga el frenazo a un pelotazo urbanístico de sus compañeros de partido en Majadahonda en 2005 y, sin embargo, la ínclita señora de sangre azul, autoproclamada cancerbera de la trama corrupta que trae de cabeza a su partido, no pone un caso punible en manos de la justicia… ¡Ay, ay, Esperanza, que te desbocas! Por consiguiente, al ver el giro que tomaba el asunto, donde dije digo, digo diego, y a otra cosa mariposa.

Aguirre, en su afán de meterle un dedo en el ojo a su íntimo enemigo Mariano Rajoy y contrastar la inacción de éste con sus bríos y arrestos, no reparó en ese pequeño detalle. Se llenó de balón, usando la jerga futbolística, le pudo su ambición y su inquina hacia su pusilánime jefe. Al analizar en frío el episodio, no le ha quedado más remedio que dar marcha atrás, comerse sus palabras una por una para eludir posibles complicaciones posteriores en sede judicial. Y es que si lo sabía y no lo denunció, ¿se podría tipificar esta actitud como encubrimiento de un delito?

En cualquier caso, suena a sarcasmo que Aguirre se declare adalid de la lucha contra la corrupción cuando desde la forma en que llegó a la presidencia de la comunidad está bajo sospecha por la más que presunta compra de dos diputados socialistas, el lamentable e infausto tamayazo, que puso a la condesa al frente de Madrid. Desde entonces, entre espionajes entre compañeros y un amplio ramillete de alcaldes correligionarios y una fundación popular salpicados por el sumario de Gurtel, las sombras habitan en la gestión de Madrid.

1 comentario en “La moviola de Aguirre

  1. ¿Quién mejor que yo, que sabía donde estaba, podría destapar el tarro? Pero juro que fue un inconfesable accidente que a toro pasado revelo. Mi enfado está justificado; porque es muy frustrante amparar dentro de tu casa a «compañeros» que van por libre y tú sin enterarte.

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