En Andalucía se podrá vivir con dignidad el proceso de la muerte. Es un derecho recogido en nuestro Estatuto de Autonomía y que desde hoy quedará  regulado por ley. El Parlamento aprueba la ley de muerte digna, una norma pionera en España y que sitúa de nuevo a esta comunidad en la vanguardia de los nuevos  derechos de ciudadanía. El servicio público de salud ha de garantizar esta prerrogativa al paciente que reúna los requisitos legales (situación terminal o de agonía) y así lo hubiera solicitado en plenas facultades.

La derecha más recalcitrante se ha opuesto siempre a este avance que busca aliviar el sufrimiento de las personas enfermas terminales con cuidados paliativos y hacer más llevadero este trance. Basta con recordar la persecución por parte del Gobierno de Esperanza Aguirre al equipo del doctor Montes en el hospital Severo Ochoa de Leganés por reconfortar la recta final sin padecimientos insoportables.

Y es que de casta le viene al galgo… El PP ya mostró sus reservas a la inclusión de este punto en la reforma de nuestro Estatuto, lo aceptó a regañadientes y con clara división de opiniones internas, y en la tramitación de este proyecto de ley lógicamente han aflorado esos titubeos, esas dudas, ese inmovilismo que impone la moralina fanática frente a una decisión política impregnada de empatía, de sensibilidad, de bondad.

No se está dando luz verde ni a la eutanasia ni al suicidio asistido, asuntos que algún día habrá que abordar en este país con serenidad y sin tremendismo. Este proyecto legislativo sólo pretende hacer menos cruel, menos doloroso, más humano, más transitable la aflicción de las víctimas y la angustia de sus familiares. Por deseo personal, a través del testamento vital, cualquier persona en caso de enfermedad terminal puede declinar el ensañamiento terapéutico, el alargamiento artificial de la vida cuando ya no quedan esperanzas científicas de recuperación.

Es un paso importante, necesario, oportuno. De indudable calado social y con esencia progresista. Nos abre un horizonte nuevo en esta tierra y nos referencia de nuevo como baluarte y avanzadilla de nuevas políticas de interés y utilidad social.

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