La vida puede resultar dura, corta, penosa, pero hay que albergar una ilusión, un resquicio de fe, un sueño por inalcanzable que sea para remontar el vuelo, saber aprovechar un atisbo de fuerza para encauzar la riada existencial. Así se consigue una agarradera para no perderse por el sumidero… Porque con poco que te motive, te estimule o te dé calor, la vida puede ser rica, placentera, gratificante, espléndida… PRECIOSA. O maravillosa, que diría el desaparecido Andrés Montes. Siempre hay alguien que te quiere, que te aporta, que te necesita, que te enriquece, que te soporta, que te ayuda, que te hace sentirte útil… Siempre hay alguien o algo por lo que luchar. Precious, un grito para la esperanza, una ventana para la confianza, una espita para la felicidad (o, al menos, para pelear por ella), incluso en las situaciones más difíciles e insoportables.

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