El circo de Arenas

Estas dos fotografías (una de la Agencia Efe y otra de José Rodríguez) recogen el momento estelar del número circense que montó ayer Javier Arenas en el Parlamento de Andalucía. No albergábamos duda alguna, pero la locuacidad de Esperanza Oña, captada por un micrófono de Canal Sur TV (“Hay que cogerle el truco y provocarlo“), disipó cualquier especulación. La portavoz popular ha aportado la prueba empírica que confirma la estrategia de provocación y crispación orquestada por el PP para emponzoñar la vida política a esta comunidad autónoma.

Todo era un montaje para fustigar y chulear al presidente de un gobierno que representa a más de ocho millones de andaluces y andaluzas. Pepe Griñán no se dejó seducir por los cantos de sirenas y eludió ser comparsa del espectáculo bufo que había montado el jefe de la oposición, quebrando así el guión que tenía precocinado el aparato propagandista del PP. ¿Si Arenas le reivindica una reunión para abordar la crisis económica sin fotos, por qué unos minutos después teatraliza una escena de entrega de un documento que ya ha remitido con anterioridad al presidente y que cuatro horas más tarde se debatía en la Cámara? Todo era una pantomima para robar una instantánea y torcerle la muñeca a Griñán. Como jefe de pista del circo de la cabra, pretendía malintencionadamente hacer pasar a su adversario por el aro.

Las imágenes dan bastantes pistas de las intenciones aviesas de Arenas. Basta con observar en la foto inferior su gesto socarrón, su pose chulesca, su actitud altanera, se relamía los labios saboreando el supuesto éxito de su maniobra, aunque todo no deja de ser un gag de Benny Hill casposo y de mal gusto. Al fondo la bancada socialista, entre ellos este bloguero, indignada por la frivolidad y la afrenta de un envalentonado capo del PP que falta a las más elementales normas de cortesía parlamentaria. Montado en la ola de las encuestas, Arenas se comporta con una prepotencia y una bravuconería insólitas. Si aún no ha ganado nada y actúa así, ya nos podemos imaginar lo que pasaría si se hiciera realidad su sueño de llegar al Palacio de San Telmo. ¡Miedo da!