A quien interese

De antemano, planteo mis disculpas porque este post tiene que ver con el que suscribe. Lo empiezo a redactar unos minutos después de concluir un debate intenso y acalorado con el Partido Popular en el Parlamento de Andalucía. No voy a entrar en el contenido de la confrontación dialéctica sobre el sistema de financiación autonómica aprobado hace unos meses, sino en una anécdota vomitada contra mi persona, un ataque personal que, modestamente entiendo, no cabe en la argumentación política.

El orador popular, Enrique Fernández de Moya, aconsejado por su jefe de filas, Javier Arenas, me espetó algo así: Como osa a arremeter contra el PP, cuando usted se ofreció a este partido para formar parte del consejo de administración de la RTVA. Que a Arenas no le caigo bien, es archiconocido en los mentideros parlamentarios. No me gustaría que esta confesión suene con arrogancia. Es una realidad palpable. Son varios los rifirrafes que hemos protagonizado desde nuestros escaños.

Yendo al meollo de la cuestión, que no me quiero dispersar, no es admisible en política la agresión ad hominem y mucho menos cuando ésta está basada en la mentira, cuando se trata de una acusación falaz, cuando se busca hacer daño o desprestigiar sin escrúpulos y sin sustento veraz. Para el que quiera conocer la verdad de lo acontecido en 1994 aquí va mi relato de los hechos, una narración que despojo de subjetividad y plasmo con asepsia.

Por aquella época, como periodista de profesión que soy, estaba trabajando en Diario 16 Andalucía. Este periódico, fundado por Juan Tomás de Salas en la Transición, empezó a entrar en crisis y presentó un expediente de regulación de empleo que llevó a las oficinas del INEM a un buen número de compañeros en Madrid y Andalucía. Un servidor, que estaba enrolado al grupo desde 1991 con contratos temporales, fue una víctima colateral de esta situación de incertidumbre empresarial. Al concluir mi contrato en vigor, con una sociedad haciendo aguas tras el ERE, no me fue renovado y me tuve que ir a mi casa.

Al estar en el paro, por fortuna, me llegaron diferentes propuestas de trabajo en tanto en cuanto se resolvía el panorama de mi periódico. La primera que recibí vino de la mano de Isidro Cuberos, entonces director de Comunicación y hombre de confianza de Arenas, con una cuantía salarial de 225.000 pesetas. La deseché porque como periodista no tenía clara la oportunidad de dejar la trinchera para pasar a un gabinete de comunicación y, además, siempre he militado en la izquierda con el corazón y la cabeza.

Un par de semanas después, Pedro Pacheco, que era alcalde de Jerez, me propuso un puesto en el Ayuntamiento e Izquierda Unida, a través de su responsable mediático, Antonio Sánchez, me trasladó la idea de reforzar el equipo de comunicación para la campaña electoral de 1994. Como el periódico no remontaba, después de madurar mucho la decisión, acepté una mañana de Feria de Abril la colaboración con Luis Carlos Rejón, entonces líder de IU en Andalucía. Por la tarde de ese mismo día, en otra caseta, mi amigo Pepe Nevado, portavoz del Gobierno en el primer gobierno de Manuel Chaves, me lanzó el reto de hacer la campaña con el PSOE y tuve que declinarlo por mi compromiso anterior con IU. Celebradas las elecciones, regresé de nuevo a mi puesto en la redacción de Diario 16, con un contrato más precario y menos remunerado.

Como diría el periodista Ernesto Sáenz de Buruaga, así son las cosas y así se las hemos contado… por si a alguien le interesa esta historia particular. De la manipulación y la mentira que forman parte del ADN de Arenas ya hablaremos en otro momento.