¿Disidentes o terroristas?

Los extremismos no conducen a nada. En el caso de Cuba se tiende con facilidad al maximalismo. Ni se puede mirar a la isla caribeña con los ojos de una trasnochada utopía ni cabe esa visión sectaria de la derecha de tirar por tierra todo lo que ocurre a la sombra del largo mandato de Fidel Castro. Se precisan posiciones moderadas, sensatas, desapasionadas para analizar con frialdad el tránsito hacia la democracia en Cuba.

No se puede cometer, como ocurrió en la Unión Soviética, el error de acelerar un proceso que requiere un tiempo para fraguar. Sería letal precipitar la culminación de esa perestroika cubana, supondría dejar la isla en manos de desaprensivos o chacales. Significa un tránsito que precisa de tiento y donde los exaltados no tienen sitio.

La muerte de Orlando Zapata constituye un episodio triste que nos llena de consternación a todos. No comparto la dialéctica de la discordia ni el debate reduccionista sobre si era mártir o hereje, disidente o terrorista. Con esta dinámica sólo se enrocan las partes enfrentadas en el discurso de la división, se aleja la reconciliación y se frena el avance de Cuba hacia la democracia.

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