Sin respeto

enero 28, 2010

De forma casual cayó en mis manos una edición atrasada de la revista Época. Nunca consumo los productos nocivos (o quizá repulsivos) que elabora el Grupo Intereconomía. Estaba en la sala de espera en la consulta de mi dentista y me llamó la atención una portada dedicada casi íntegramente a la ministra de Igualdad, Bibiana Aído. No pude pasar de esa primera plana, me pareció infumable y la coloqué convenientemente debajo del montón de publicaciones al que de forma desganada se recurre para matar el tiempo hasta que a uno le toca el turno.

Era un número del primeros de enero, con predominio cromático del rojo y una foto de Bibiana con aire ingenuo y esplendorosa juventud. Esta revista, dirigida por el periodista ultraconservador Carlos Dávila, escogía un titular que no puede pasar desapercibido: la ministra “tonta”. No es que sea una demostración de periodismo nauseabundo y sin escrúpulos, significa una falta de respeto intolerable y una agresión a la inteligencia de cualquier persona de orden, como diría el capitidisminuido líder del PP, Mariano Rajoy.

Y pensé: “No se puede caer más bajo y degradar más el ejercicio de esta profesión”. Al menos eso creía. Pertrechándome de información para este post, que me bullía en la cabeza desde hace 24 horas, me encuentro que en La Gaceta, otro derivado de esa factoría de sectarismo y talibanismo que es Interconomía, se insiste en el dislate y en la agresión gratuita. Es la redacción de este panfleto antiperiodístico la que resolvió por unanimidad otorgar el galardón El tonto contemporáneo a la titular de Igualdad.

Hay formas más educadas, corteses o ingeniosas de criticar el actividad de un personaje público. Ahora bien, el atajo de la agresión personal se antoja chocarrero, procaz, extemporáneo, una manifestación palmaria de pereza intelectual. Dice muy poco de quien toma estos derroteros, más aún si se trata de un grupo de fervorosos católicos de comunión diaria que, sin embargo, actúan como los mercaderes que Jesucristo expulsó a latigazos del templo.

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