Soniquete cansino

enero 27, 2010

El mensaje repetitivo de algunos organismos produce ya hastío y cansancio. El Fondo Monetario Internacional (FMI) vuelve a la carga dibujando un horizonte de pesimismo para la economía española y anuncia como medida mágica para corregir su negro augurio la rebaja de los salarios. Ya veremos si se cumple esta desilusionante previsión, si bien se antoja sintomático que siempre los poderosos quieran descargar el peso de esta profunda crisis sobre los hombres de la clase trabajadora, sobre el eslabón más débil de la cadena.

Ni una palabra de admonición a los bancos, auténticos responsables de la catástrofe internacional con sus productos basura. Sin embargo, estas entidades han recibido el oxígeno imprescindible de las autoridades de todos los países desarrollados para que su problema no derivara en un caos generalizado. Sólo el presidente norteamericano, Barack Obama, se ha atrevido a plantarles cara con su rotundo aviso de que “si quieren pelea, la tendrán”. Con la economía renqueante y de capa caída, las entidades financieras siguen haciendo caja, ganando dinero a espuertas. Es verdad que menos que en años anteriores de vacas gordas. No se trata de poner el foco en lo que dejan de ingresar, sino en el escandaloso volumen de beneficios que siguen amasando.

¿Por qué el FMI no le reclama un mínimo sacrificio a los bancos? ¿Por qué no dedican una cuota de sus dividendos al apoyo al tejido productivo y empresarial? Ése es un asunto tabú o se tilda de desvaríos de rojeras. En los periodos de bonanza se ponen las botas, engordan sus ya acaudaladas cajas fuertes, y cuando la economía pierde pulso demandan la solidaridad del conjunto de la sociedad. Un monumento a la codicia sin límites. ¿Para cuándo socializar al menos parte de sus beneficios en lugar de asfixiar más a los de siempre?

Si ya las recetas del FMI se reciben como un soniquete cansino, ya en territorio patrio la retahíla del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, resulta ya insoportable. Vincular exclusivamente la salida de la crisis a la reforma del mercado de trabajo suena apocalíptico y falso. Un día sí y otro también, MAFO agita el espantajo de las reformas laborales y propugna el abaratamiento del despido para incentivar la contratación. Un alegato de lo más liberal. Al garante las conquistas de décadas.

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