Gallinero nuclear

enero 26, 2010

España necesita un almacén centralizado de residuos radiactivos. Si un tercio de la energía que consumimos en este país tiene origen nuclear y el territorio nacional alberga siete centrales de este tipo, tenemos que dar una respuesta serena y racional a las brozas que genera esta actividad. Más allá de la zaragata y el pataleo, en una sociedad democrática es exigible madurez y mesura para asumir la responsabilidad de dar una respuesta eficaz y eficiente a las consecuencias inevitables de nuestras necesidades energéticas, mientras no se avance hacia un modelo basado en fuentes más limpias y renovables.

Esta lógica aplastante se ve incrementada con la urgencia de construir un emplazamiento adecuado y seguro porque Francia, adonde se enviaba hasta ahora buena parte de nuestros residuos, ha prohibido por ley la recepción de escoria radioactiva de otros países a partir del 1 de enero de 2011 y cobrará una penalización de 60.000 euros al día a aquellos estados, como el nuestro, que tienen restos acumulados en su territorio. Es como si durante manera sistemática ponemos la basura en la puerta del vecino y éste nos pide que seamos cívicos y la depositemos en el contenedor público.

No nos podemos quedar cruzados de brazos. El almacén temporal centralizado (ATC) de residuos radioactivos, por tanto, no tiene discusión. En algún punto de los 505.000 kilómetros cuadrados de superficie de esta piel de toro que es España tiene que alojar unas instalaciones de estas características. Así lo aprobó por unanimidad de todos los grupos, salvo Izquierda Unida, para dar una solución a una política de exportación de los residuos generados que desde 1984 ha supuesto a las arcas públicas un desembolso de 575 millones de euros. Y, fundamentalmente, porque los siete almacenes de las centrales nucleares y el depósito de El Cabril (Córdoba), al que también se envían residuos procedentes de tratamientos hospitalarios, están al límite de su capacidad.

¿Si todo el mundo entiende que en algún sitio hay que instalar un ATC, Francia cierra sus fronteras y España no puede clausurar las nucleares por carencia de alternativas y para no engordar la factura energética, a qué viene este tumulto en el espacio público? Partidos que se pelean con los alcaldes que lanzan las candidaturas para acoger las instalaciones (el PP en Yebra y CiU en Ascó), dirigentes del PP que se lanzan los trastos a la cabeza (María Dolores de Cospedal y Javier Arenas), presidentes autonómicos que alzan la voz contra el almacén porque sostienen que sus territorios ya han sobrepasado las cuotas de solidaridad nuclear (José María Barreda en Castilla-La Mancha y José Montilla en Cataluña), dirigentes políticos que defienden la energía nuclear en sus programas, que bramaron por el anuncio del cierre de la central de Garoña y que ahora hacen de don Tancredo y dicen no tener opinión fundada (Mariano Rajoy), representantes municipales que ven la oportunidad de generar riqueza y empleo en sus ciudades y se suben sin pensarlo al carro del ATC…

Lo nuclear produce un rechazo irracional y epidérmico. Está a flor de piel la preocupación, la inquietud, el pavor que genera la producción de energía por la fisión del uranio o el plutonio y el tratamiento de sus residuos. El recuerdo de un accidente como el de Chernóbil produce esta aversión. Hace falta la articulación de un mensaje tranquilizador que, desterrando la demagogia y los prejuicios, ofrezca garantías de seguridad para las personas que habitan en ese entorno y para el medio ambiente. Se requiere una explicación didáctica sobre la ausencia de impacto. Por eso, enfrascarse en quién tiene las competencias para dar luz verde a un almacén de residuos, que no a un cementerio nuclear, es un debate estéril en estos momentos y que no ayuda a resolver el problema que tenemos.

PD.- El que suscribe se debate entre su conciencia ecologista y la apuesta por energías más limpias y el pragmatismo de un país que necesita de lo nuclear para su abastecimiento desde un punto de vista funcional y económico.

Fotos.- Central nuclear de Vandellós y centro de residuos de El Cabril.

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3 comentarios to “Gallinero nuclear”

  1. Diego Says:

    Compañero, Miguel Ángel. Ya hemos alcanzado la edad adulta y debemos actuar como lo que somos adultos. Hay que informar y formar a los ciudadanos; que los técnicos hablen y expliquen y que se sometan a la opinión de los ciudadanos y que decidan. Lo que es indignante es que esta gente de la derecha que saben compartir intereses con los medios; salgan como portadora de la mejor propuesta. Yo creo que ahí es donde nosotros tenemos que dar el dos de pecho. Nos esperan tiempos apasionantes, yo espero que nuestro partido esté a la altura de siempre. Saludos, desde Algeciras.

  2. Diego Says:

    Do de pecho.


  3. […] Me interesó, aunque en algunos casos no comparta, lo escrito por: Ainhoa Valdearco,  Antonio Rodríguez, Claudio,  Concha Minguela, David Santos Holguín,  Franesco o Miguel Ángel Vázquez. […]


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