La bula de monseñor

enero 18, 2010

Leo con perplejidad en ABC, página 41 de la edición de Sevilla de hoy:

La idea de llevar a cabo ayer una cacerolada ante la Catedral para ofender al arzobispo de Granada, Javier Martínez, no se convertirá en un hito anticlerical. A la hora fijada no había ni rastro de menaje de cocina laico en la plaza…“.

Este prelado fue el que justificó en su mensaje navideño la violencia de los hombres hacia las mujeres que abortan. Sus palabras fueron meridianamente claras, para nada interpretadas:

El mundo puede llamarlo estupidez. Yo le llamo valor, pero matar a un niño indefenso, y que lo haga su propia madre, da a los varones la licencia absoluta, sin límites, de abusar del cuerpo de la mujer, porque la tragedia se la traga ella“.

Para rematar la faena, el purpurado comparó la interrupción involuntaria del embarazo con el genocidio nazi. Esta verborrea tremendista alumbró una convocatoria de protesta, pacífica y civilizada, ante la catedral granadina que finalmente no se llevó a efecto.

Lo que me llama la atención es cómo este periódico descalifica una concentración para manifestar el desacuerdo de una parte de la sociedad con la visión retrógrada de este representante de la Iglesia. Expresar la discrepancia no es ofender, confrontar ideas en una sociedad democrática como la española es algo natural y saludable. Lo vienen haciendo durante los últimos meses los movimientos provida al calor de la reforma de la ley. Es la dialéctica propia de una sociedad plural y madura. Y en un estado de derecho y para más inri aconfesional, nadie está exento a la crítica en el espacio público, nadie tiene ni bula ni dispensa.

Con la misma lógica que emplea ABC, una manifestación contra el Gobierno se basaría en el improperio y el descrédito. Y no es así. Constituye una demostración de la libertad de expresión que ampara nuestra carta magna. Por eso, este diario da buena cuenta de este tipo de actividades que son noticiables y cumple con su responsabilidad constitucional de facilitar información veraz a la ciudadanía.

En esta página de ABC, sin embargo, el lector no encuentra lo que en términos académicos se define como noticia, ni siquiera se topan con una crónica, un género periodístico que permite una narración más libre, más abierta a la subjetividad del autor. Estamos ante un comentario puro y duro, trufado de juicios de valor más propios de las páginas de opinión que las de información. Cada maestrillo tiene su librillo.

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