¿Quo vadis, Munilla?

enero 16, 2010

Ha sido peor el remedio que la enfermedad. Monseñor Munilla, el mal recibido como obispo de San Sebastián por la comunidad católica guipuzcoana, ha metido la pata hasta el corvejón. Y en su intento de arreglar el desaguisado la ha acabado de liar. Vamos a los hechos. En una entrevista en la Cadena Ser, el prelado cometió el inmisericorde yerro de afirmar que “existen males mayores” que los que están sufriendo en Haití, un país asolado por un terremoto que ha provocado más de 50.000 muertos y decenas de miles de heridos. En lugar de solidarizarse con la tragedia de la isla caribeña, Munilla animó a “llorar por nuestra pobre situación espiritual”.

Esta descarnada salida de tono ha provocado un enorme revuelo, una indignación de tanta magnitud que el purpurado se ha visto obligado a improvisar una rectificación. Munilla ha emitido un comunicado para Aclaración de un titular injusto, donde pretende sin éxito justificar lo injustificable con enrevesadas disquisiciones teológicas. Que no busque fantasmas donde no los hay, él mismo se ha metido en la boca del lobo. Ante de descerrajar su desafortunada expresión en la entrevista de Gemma Nierga, avisó de que iba a decir algo que quizá no gustaría. Que no flagele entonces monseñor a los mensajeros y que asuma su pecado de soberbia.

Ni antes ni después de la fallida rectificación el obispo de San Sebastián ha dado la talla. Ha demostrado una alarmante ausencia de empatía y escasísima sensibilidad. O dicho en su argot: falta de caridad cristiana, quizá la principal virtud que debe acompañar a un pastor católico. Produce vergüenza tanto desapego a las calamidades del prójimo. Y se entiende aún menos con las imágenes espeluznantes, estremecedoras, impactantes que hemos visto del desastre de Haití. Al menos hoy nos encontramos con la mirada de la esperanza de Redjeson.

Fotos.- ABC y AP en El País.

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