Poema 18 de Neruda

POEMA 18
Pablo Neruda

Veinte poemas de amor y una canción desesperada

Aquí te amo.
En los oscuros pinos se desenreda el viento.
Fosforece la luna sobre las aguas errantes.
Andan días iguales persiguiéndose.

Se desciñe la niebla en danzantes figuras.
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.
A veces una vela. Altas, altas estrellas.

O la cruz negra de un barco.
Solo.
A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda.
Suena, resuena el mar lejano.
Éste es un puerto.
Aquí te amo.

Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy amando aún entre estas frías cosas.
A veces van mis besos en esos barcos graves,
que corren por el mar hacia donde no llegan.

Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.
Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.

Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.
Pero la noche llega y comienza a cantarme.
La luna hace girar su rodaje de sueño.

Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.
Y como yo te amo, los pinos en el viento, quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.

Fiasco en Copenhague

Fiasco y frustración. Teníamos muchas esperanzas depositadas en la Cumbre sobre el Cambio Climático celebrada durante las dos últimas semanas en Copenhague y su resultado final no ha podido ser más decepcionante. Un acuerdo de mínimos muy mínimos entre Estados Unidos y China no justifica ni las expectativas generadas ni la necesidad acuciante de un planeta en peligro real. El cambio climático no es una quimera ni una especulación de científicos chiflados.

Sólo la Unión Europea iba en serio con una propuesta ambiciosa para reducir las emisiones de CO2, principal consecuencia del calentamiento global, y con dinero contante y sonante para ayudar a los países en vías de desarrollo a adaptar su modelo productivo. Todo lo demás ha sido una partida de póker con cartas marcadas y tahúres duchos en el arte del engaño. Se ha dado un paso atrás respecto a Kioto porque no se fijan ni siquiera objetivos concretos sobre la disminución de gases lanzados a la atmósfera. La conclusión final se resume en un ambiguo deseo de alcanzar un acuerdo sobre el volumen tolerable de gases emitidos y la contención del aumento de la temperatura media del planeta en dos grados, un umbral por encima del cual los daños podrían ser irreversibles.

La presencia de Barack Obama, convencido ambientalista, no ha servido para nada en esta ocasión. Se ha preferido desde la Casa Blanca un consenso amplio sobre unas bases muy modestas que un acuerdo de las principales potencias, salvo China e India, que tire del carro y arrastre a los demás por el camino de la preservación de nuestro ecosistema. Posiblemente, Estados Unidos haya antepuesto el pragmatismo al compromiso con el futuro de las generaciones venideras. El titular de El País en primera página es elocuente: EEUU impone al mundo su ley ante el cambio climático. Ante la desidia o el posibilismo de algunos mandatarios, al ciudadano se le queda cara de tonto. “Kioto era legalmente vinculante y a todo el mundo le pareció poco. Es importante avanzar en vez de tener palabras en un papel”, ha dicho Obama para justificar lo injustificable.

Las organizaciones ecologistas hablan sin tapujos de oportunidad perdida. Por ejemplo, Greenpeace condena enérgicamente en su página web “la arrogancia de los jefes de Estado de los países más poderosos del mundo” en una cumbre que “se cerraba de forma vergonzosa, incoherente y duramente disputada”. Para esta poderosa organización, el mundo se enfrenta a una “trágica crisis de liderazgo” y se dirige a un “caos climático”. Quizá tanto catastrofismo sea excesivo, pero no anda descaminada Greenpeace sobre los efectos del calentamiento global. Las Tuvalu se hunden… Y no son las únicas.

Nacionalismos insufribles

El nacionalismo, en cualquiera de sus manifestaciones, constituye una ideología fanática y miope, egocéntrica y de cortas miras, que todo lo tamiza por el filtro de lo identitario, que todo lo canaliza a través de la exclusión, que se mueve por el patrioterismo ramplón exacerbando las diferencias hasta el paroxismo. Cuando los contrastes políticos se circunscriben al ring del aldeanismo, de los alardes localistas y del ensalzamiento del terruño frente a la razón, el debate se vuelve insufrible, insoportable, de escaso nivel intelectual.

Se han montado esta semana un gran revuelo con la posible prohibición de las corridas de toros en Cataluña. El Parlamento catalán dio ayer luz verde a la iniciativa legislativa popular que, con el apoyo de 180.000 firmas, reclama la abolición de este espectáculo en la comunidad autónoma. Sus señorías recurrieron a la votación secreta, y no entiendo por qué esta reserva y falta de transparencia ante la opinión pública, cuando tan legítima es una postura como la contraria.

No soy aficionado a la tauromaquia, quede expresado de antemano, aunque tampoco hago bandera de condenarla a los libros de historia o a los museos etnográficos. Desde esta distancia objetiva comparto postulados de una y otra parte en torno a una fiesta a la que me niego a denominar nacional. Entiendo la reivindicación de los abolicionistas contra el maltrato que sufren estos bellos animales, símbolo oficioso de este país por todos los rincones del mundo, y a fuer de ser sincero, en las contadas ocasiones que he acudido a una plaza, me han sobrecogido lances extraordinariamente violentos y el ritual de la muerte de la res brava. También asiste la razón a los amantes del arte de Cúchares cuando blanden el carácter cultural de la fiesta y sostienen que sin el toro la dehesa, ecosistema típicamente ibérico, acabaría desapareciendo. No hay una verdad absoluta, ni en esto ni en casi nada. Argumentos tienen unos y otros para entablar una acalorada polémica en los meses venideros hasta que la Cámara autonómica apruebe o no esta iniciativa popular en torno a mayo.

Sin embargo, choca sobremanera la deriva política e identitaria que la caverna conservadora le ha conferido a este asunto para agitar las bajas pasiones de su parroquia y mantener a punto de ebullición la catalanofobia. Los nacionalistas catalanes (pese al carácter secreto de la votación se ha sabido que los representantes de CiU, ERC e Iniciativa per Catalunya han votado a favor del inicio del trámite parlamentario) han lanzado un señuelo en un claro intento de provocación y los sectores más reaccionarios del españolismo han entrado al trapo (preciosa expresión de raíz taurina, como otras muchas). Así, en un ligero repaso del quiosco nacional nos encontramos algunas cabeceras con enfoques incendiarios por la posible abolición de la fiesta:

Si las primeras páginas tienen su notoria carga de profundidad, en los editoriales se carga las tintas contra estos partidos catalanistas, se les demoniza hasta la extenuación por “su desafío permanente a cualquier signo de españolidad en la sociedad catalana”. Y menos mal que el PSC no los ha acompañado en este punto… Sería ya el acabose, un apocalipsis para la unidad de España o cualquier otro disparate que se le ocurriera a la prensa de derechas para poner a José Luis Rodríguez Zapatero en la picota.

Con esta astuta jugarreta, los catalanistas han puesto en evidencia al españolismo rancio, que ha saltado como un resorte ante la añagaza. Ciertos extremistas de la roja y gualda han demostrado tener menos cintura que un frigorífico, una circunstancia que aprovecharán los más radicales de la senyra (señera) para pregonar el odio del madrileñismo cañí hacia la periferia. Jugada perfecta para los más ultras de Esquerra y de Convergencia, que se estarán frontando las manos por la pifia de sus acérrimos antagonistas.

Se antoja excesivamente reduccionista, pobre y hasta patético entablar un rifirrafe identitario a cuenta de la fiesta de los toros. Con esta reacción histérica del centralismo, algunos esconden más aviesas intenciones: mantener la confrontación entre el conjunto de España y una de sus partes porque tiene buen rendimiento para aglutinar y movilizar el voto de la derecha. La defensa o el rechazo a los toros transciende la dialéctica territorial e ideológica. Hay seguidores y detractores en Cataluña y en el resto de nuestro país.

Lo que es una realidad incontestable es que el interés taurino en esa comunidad autónoma ha caído de manera sensible, sólo se llena la Monumental de Barcelona cuando torea José Tomás. Se detecta un desapego de la sociedad catalana para con la fiesta y es que desde hace tiempo en muchas localidades, especialmente en la Ciudad Condal, está prohibida actuaciones de circo con animales o el uso de palomas o conejos por parte de prestidigitadores, como recordaba esta mañana José María Martí Gómez en la Cadena Ser. Estamos, por tanto, ante una cuestión de gustos y preferencias, y estos españoles que viven en Cataluña hace tiempo que tienen otra forma de entender el uso de animales en el espectáculo (que lo pregunten a Salvador Távora y los problemas que tuvo para la representación de su Carmen). Es una convicción cada vez más extendida y como tal hay que respetarla, nos guste o no.

Condena mediática

La imputación, desde un punto de vista procesal, se justifica como una garantía en la defensa para las personas inmersas en una causa judicial. Desde la perspectiva de los medios de comunicación se interpreta como una condena, un fallo adverso por la vía rápida. Muchas cabeceras se olvidan del derecho constitucional de la presunción de inocencia y dictan la tan en boga pena de telediario o de primera página de periódico. Por esta razón, más que una salvaguarda para los implicados, la imputación se convierte en un calvario. El nombre de la víctima de este linchamiento público y publicado queda manchado sin importar que más adelante la diligencia judicial dictamine su inocencia.

Lo que en el comienzo de la instrucción del caso eran grandes titulares y derroche de tiempo o espacio informativos, posteriormente cuando la causa se sobresee o la vista oral concluye sin culpables, todo se reduce a una noticia sin relevancia que se da casi de soslayo y que incluso, en ocasiones, se llega a omitir. Total, una absolución ya no tiene interés para los fedatarios de la actualidad. Con esta forma de actuar, los medios hacen un flaco favor a su credibilidad y ponen en entredicho su deber de ofrecer a la ciudanía una información veraz, ecuánime y completa.

No se trata de amordazar a los periodistas ni de imponer ningún tipo de censura a su quehacer profesional. Tan sólo apelar a la responsabilidad y a la función social de mediación que cumplen en una sociedad democrática. Hay que confeccionar el relato de actualidad sin estridencias y en su justa medida sin renunciar a la libertad de expresión. El sensacionalismo y los apresurados juicios paralelos son antitéticos con el buen periodismo. Las hemerotecas y los archivos audiovisuales están repletos de injusticias por la precipitación mediática en divulgar premonitorios veredictos sin aguardar el final del procedimiento. Los errores periodísticos no matan, pero tiran por tierra el honor y el prestigio de unos ciudadanos que, sin entender por qué, sufren un tormento indescriptible.

Por ejemplo, todos los medios sin excepción dieron la semana pasada como información que el alcalde de Estepona, David Valadez, sería llamado a testificar como imputado. Al día de hoy, no se ha producido esa supuesta imputación y parece que la jueza no tiene previsto dictar una providencia en ese sentido. Se ha dado cancha a una mercancía sin comprobar, es de suponer porque la fuente manipuladora gozaba de cierto crédito. En términos académicos nos encontramos ante un no-acontecimiento: se ha construido un relato periodístico sobre algo que no ha ocurrido, una pura ficción elevada a categoría de noticia, esparcida a los cuatro vientos por la acción amplificadora de las empresas informativas. Ninguno de los propagadores de esa falsa historia ha corregido su error. ¿Será por exceso de soberbia? Es hora de abrir una serena reflexión por parte de los medios sobre sus actuaciones desafortunadas y sus nefastas consecuencias.

Un patrón en apuros

El jefe de la patronal española, Gerardo Díaz Ferrán, es un gigante con los pies de barro. El moisés que tendría que conducir al empresariado patrio a la tierra prometida ha naufragado en las orillas del mar Rojo. Está atravesando serias dificultades para sacar adelante sus negocios particulares. En concreto, acumula una deuda de 16 millones de euros con la Seguridad Social y un impago de 26,5 millones a Caja Madrid pese a la colaboración dilatada e incondicional de su amiga Esperanza Aguirre (que “es cojonuda“, según sus palabras) con suculentos contratos públicos en la Comunidad de Madrid. Esta línea de ayuda tuvo su contrapartida con la donación de 246.000 euros a una fundación del PP madrileño, Fudescam, vinculada con la trama corrupta del caso Gurtel. Si se hubiera guardado ese dinero, empleado por Aguirre para sus actividades electorales, tendría un agujero más pequeño en sus cuentas.

Tiempos de tribulación e incertidumbre para el presidente de la CEOE. Hasta tal punto, que se ha visto obligado a poner su cargo a disposición de la junta directiva de la patronal. Sus compañeros del gremio han cerrado filas en torno a Díaz Ferrán. O lo que es lo mismo: éste ha salvado este match-point con una jugada ladina, convenientemente preparada, y parapetado en la excusa de los socorridos agentes externos. Para blindar a su jefe, algunos de su círculo de confianza atribuyeron los problemas de liquidez de sus sociedades a su firmeza en la negociación de la concertación social con Gobierno y sindicatos. Es como mezclar la velocidad con el tocino. ¿Qué tendrá que ver su papel institucional en el marco del diálogo social con la mala marcha de sus empresas? ¿Se puede ser más retorcido o insolvente en los planteamientos?

Esperemos que este patrón apuros no encauce esta renovación de confianza de sus compañeros hacia la confrontación y el mantenimiento de tesis maximalistas. En los dos últimos dos años, la cerrazón de Díaz Ferrán ha impedido avances en el diálogo social. Se ha enrocado en una petición eufemística de reforma laboral que en el fondo propugnaba el abaratamiento del despido y la pérdida de derechos conquistados por los trabajadores. El presidente de la CEOE tiene una oportunidad de apurarse en buscar soluciones para dar respuesta a la principal reivindicación ciudadana: el empleo, empleo de calidad y seguro.

Por la boca muere el… cínico

Lleva meses y meses Javier Arenas, el impenitente opositor, culpando de la crisis económica en Andalucía primero a Manuel Chaves y, desde abril, a José Antonio Griñán. El dirigente popular les endosa sin rubor la responsabilidad de todos los males que afectan a esta tierra. Este discurso tramposo obvia el origen de la crisis (las turbulencias financieras en Estados Unidos por la explotación de productos basura) y que los efectos devastadores de la especulación y la avaricia del mercado han azotado con virulencia a todos los países desarrollados. A España también ha zarandeado la tormenta y a las comunidades autónomas en las que gobierna el PP mucho más en términos relativos.

Hete aquí que los representantes del PP se plantan en la cumbre del Senado con un decálogo en uno de cuyos puntos niega ninguna la incumbencia de las comunidades autónomas en la crisis económica. El texto deja en evidencia, a los pies de los caballos, con las posaderas al desnudo a Javier Arenas, que se desgañita en Andalucía con una machacona soflama incendiaria contra el Gobierno andaluz mientras los presidentes autonómicos populares se lavan las manos y colocan la pelota en los tejados de la Moncloa.

Esta inaceptable actitud de desidia y disipación de los próceres de la derecha cuesta mucho trabajo digerirla, máxime en momentos en que muchas familias lo están pasando mal y hace falta que todos arrimemos el hombro. También estomaga en demasía que un prestidigitador de la palabra diga una cosa en Andalucía como jefe de la oposición y otra en Madrid como responsable de política autonómica del PP. O Arenas no pinta nada en el panorama nacional de su partido o se desenvuelve con un desahogo y una insolencia impropios de alguien que aspira a ser alternativa de gobierno.

Para completar el duro de la desvergüenza, Arenas justifica la intransigencia de los presidentes autonómicos de su partido en una reacción de autodefensa ante el intento avieso de José Luis Rodríguez Zapatero de hacerlos corresponsables en la resolución de la crisis. Oculta deliberadamente el por tres veces perdedor en unas elecciones autonómicas en Andalucía que el Gobierno y los representantes socialistas aceptaron en la Conferencia del Senado 17 de las 20 propuestas planteadas por los populares en materia de empleo y lucha contra el paro y pese a todo no se subieron al carro del acuerdo por motivos partidistas. La única explicación posible es que no querían darle a Zapatero la satisfacción de un acuerdo. De esta manera tan irresponsable, simplemente han dado una patada cínica, artera e injustificable a toda España en el trasero del presidente del Gobierno. Ellos verán.

Siempre con humor

El Gran Wyoming hizo su relato de la cacería que ha montado la derecha (política y mediática) contra su persona por la agresión sufrida por el periodista conservador Hermann Tertsch en un bar de copas bien entrada la madrugada. El humorista recurrió a su mejor argumento, el humor, para desnudar los infundios, la inquina y la maldad de los ataques de la jauría periodística que mima y lidera la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, con el dinero de todos los contribuyentes de su comunidad. La condena al acto violento que ha llevado a Tertsch al hospital ha sido unánime, pero lo que tampoco no tiene un pase es la persecución a un profesional y el uso torticero de ese lamentable episodio. En fin, en El Intermedio, de laSexta, Wyoming respondió a la polémica con su tono desenfadado y ácido. Lo mejor es ver los 9 minutos y 42 segundos de este vídeo y que cada uno extraiga sus propias conclusiones.

Agresiones

La violencia no admite ninguna justificación ideológica. Hay que condenarla venga de donde venga. Sin excusas, sin ambages, sin remilgos, sin peros. Una acción violenta no puede ser más que sinónimo de barbarie y sinrazón. En los últimos días se han producido un par de agresiones que han motivado un acalorado debate social: el salvaje ataque contra el presidente italiano, Silvio Berlusconi, por parte de un perturbado y la (supuesta) paliza que recibió Hermann Tertsch, periodista de Telemadrid de marcado signo conservador, a altas horas de la madrugada por causas que aún se desconocen. Para los dos, una pronta recuperación y vuelta al tajo laboral.

En el rechazo contra la violencia estamos todos (o casi todos) de acuerdo. La única respuesta posible es la condena y la persecución del malhechor con las armas del estado de derecho. Éste ha de ser un principio indiscutido de nuestra compromiso cívico y democrático. Ahora bien, no es de recibo el intento de explotar el victimismo o de articular una estrategia para debilitar al adversario político a cuenta de una peripecia desgraciada. La derecha nunca se resiste a la tentación de encontrar un enemigo al que pasear por el cadalso.

El entorno de Berlusconi se apresurado en culpar a la oposición y al diario La Repubblica de ser los “instigadores morales” del ataque contra el primer ministro. Curiosamente, ésa fue la misma salida de tono de la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, en el caso de Tertsch: imputa la agresión en el debe de El Gran Wyoming y, por extensión, del presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero. Caer en este tipo de demagogia barata, además de un insulto a la inteligencia, es una actitud reprochable desde todos los puntos de vista posibles y propia una bajeza moral sin límites. El humorista acusa a Aguirre de hacerle un daño terrible porque “se me está estigmatizando como si fuera un etarra confeso y convicto”.

Sin entrar en dimes y diretes, ninguna de las dos agresiones son justificables y nos conducen inequívocamente a la solidaridad con las víctimas. Lo que también resulta intolerable, deleznable e intragable es que se persigan fines espurios con la sobreactuación, que se busque sacar tajada de una desventura. Y produce hastío ver cómo la lideresa madrileña se ha enfrascado, sin encomendarse a dios ni al diablo, en una cruzada contra un profesional por ejercer la libertad de expresión –lo mismo que a su criterio y con su beneplácito hace Tertsch en los (des)informativos de la cadena pública madrileña– y de camino arrear al Gobierno de España, que siempre es del gusto de la caverna conservadora. Y lo que es más grave: está instrumentalizando (por no decir manipulando) en clave política una agresión sin que ninguna instancia judicial haya encontrado vinculaciones de carácter ideológico en lo que se considera una pelea de barra de bar. (No entro en otras circunstancias particulares por respeto a la vida privada del agredido). Aguirre, con su oportunismo chusco, bravucón y pendenciero, ha dado muestras una vez más de su autoritarismo, su altanería y su perfil inquisitorial.

Con las víctimas, siempre; con los aprovechados o con los caraduras ni a coger billetes de 500 euros. ¡Lo de la presidenta de Madrid produce vergüenza!

Te quiero a las diez de la mañana…

TE QUIERO A LAS DIEZ DE LA MAÑANA…
Jaime Sabines

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?

La verdad de Valadez

Siento asco cuando se hace política a través de atajos abyectos, de malas artes y de subvertir la verdad. Me repugna que haya gente dispuesta a destruir socialmente a su adversario político sin argumentos y sin escrúpulos para recoger unos inmorales réditos electorales. Algunos han puesto de moda la aniquilación moral sin importarle para nada la dignidad ni el sentimiento de las personas, simplemente anteponiendo su ambición desmedida por el poder.

Al alcalde de Estepona, el socialista David Valadez, le están haciendo la vida imposible desde que llegó al cargo. Es una persona honesta y cabal que llegó al sillón municipal con la bandera de la higiene democrática y con el aval de la integridad tras el bochornoso caso Astapa. Gobierna en minoría con el torpedeo permanente de ediles imputados por corrupción conchabados con el PP. Ha llegado a tal magnitud el esperpento que la oposición ha convertido al regidor en mileurista: los cuates de la vileza se pusieron de acuerdo para rebajar su sueldo hasta los 900 euros mensuales. Se da la paradoja que los opositores que destruyen y ponen palos en las ruedas cobran más que los que intentan poner orden y hacer que la ciudad avance.

En este caldo de cultivo extravagante y miserable, se difunde una noticia sin que aún no se haya producido. Teóricamente, un juzgado imputa al alcalde de los presuntos delitos de prevaricación urbanística y omisión del deber de perseguir delito en una causa que parte de una denuncia formulada a finales de 2008 por la construcción de una vivienda en suelo rústico por parte de su jefe de gabinete de Alcaldía, Luciano Sánchez. Esta información que se difunde sin que tan siquiera el afectado haya recibido la notificación judicial hace que el PP se tire a degüello a laminar a su antagonista con ese estilo siniestro y vil que marcan el presidente regional, Javier Arenas, y su chico de los recados para asuntos de tribunales, Juan Ignacio Zoido, un juez en excedencia que hace el trabajo sucio y remueve las heces al ritmo que marca su jefe.

Caldeado el ambiente y dando una vuelta de tuerca más a un alcalde que ha recibido amenazas contra sus integridad física, el PP ha pedido su dimisión a sabiendas que no había caso y que estaba participando en una tremenda injusticia. Nada mejor que conocer la verdad para desmontar artimañas despreciables. Pasemos a los hechos:

  1. La construcción y la posterior escrituración de la vivienda ilegal ante notario (marzo de 2007) se produce antes de que Valadez llegara a la Alcaldía (julio de 2008).
  2. El 5 de noviembre de 2008, Valadez abrió un expediente y pidió al Departamento de Disciplina Urbanística que investigara los hechos tras conocer la noticia de la supuesta irregularidad que había sido publicada cinco días antes en un periódico local de Estepona. El regidor hizo este movimiento un mes antes de que Juan Manuel Rodríguez, concejal posgilista, interpusiera su denuncia.
  3. El expediente siguió su curso: el 7 de enero de 2009, Valadez decretó “la inmediata suspensión de las obras”.
  4. El 16 de junio, puso a Sánchez una multa de 157.415 euros, cantidad equivalente al 250% del valor de tasación de la vivienda ilegal, de acuerdo con la ley urbanística de Andalucía.
  5. El pasado 21 de septiembre decretó la demolición de las obras, realizadas sin licencia municipal.

Conocida la verdad no se entiende ni la supuesta actuación judicial (aún en el limbo: no hay ninguna providencia oficial de imputación) ni la reacción histérica e impresentable del PP. Es lógico que el alcalde esteponero clame ante su situación de indefensión jurídica y, como no tiene nada que ocultar, acudió ayer de forma voluntaria para facilitar todo la documentación a la jueza que instruye el caso. En el fondo, esta denuncia está motivada (y uso las palabras del primer edil) en que “jamás se me perdonará el haber contribuido a esclarecer lo que en este Ayuntamiento estaba ocurriendo”.

La canallada de Estepona no es la primera ni será la única que protagonice el PP contra gente honesta y proba. Ha puesto la máquina de picar en funcionamiento contra el ex presidente de la Junta y vicepresidente del Gobierno, Manuel Chaves, contra el secretario provincial del PSOE en Sevilla y senador, José Antonio Viera, o intentando implicar a algunos cargos socialistas en el caso Mercasevilla. El principal partido de la oposición ha montado un bufete de leguleyos sin pudor para judicializar la vida política a fin de ganar en los tribunales lo que no consigue en las urnas.