El cine español tirita

El cine está tiritando. Y no precisamente por la ola de frío que recorre media Europa durante estos días. La decisión del Tribunal Supremo de plantear una cuestión de inconstitucionalidad contra la ley que obliga a las televisiones a invertir un 5% de sus ingresos en producciones españolas y europeas dibuja un horizonte con negros nubarrones. UTECA, la asociación que aglutina a los seis operadores privados, está inmersa en una cruzada por tierra, mar y aire para zafarse de la obligación legal de colaborar con el fomento del ingenio propio frente al músculo financiero y el poderío de recursos de Hollywood. Esta medida, aprobada en 1999 a instancias de la Unión Europea y que está incluida en el texto de la venidera Ley Audiovisual, aún en debate parlamentario en las Cortes, supone uno de los puntales que sostiene a la frágil industria cinematográfica española en su pugna desigual con el gigante norteamericano.

No caben medias tintas ante esta pretensión de los canales privados de televisión, legítima aunque no pertinente, porque la producción nacional, más allá de estereotipo o el cliché manido, tiene calidad, derrocha creatividad, se construye desde el talento. Soy un apasionado de las cintas en español (sean de nuestra piel de toro o Argentina, lo mismo da) y valoro el esfuerzo de gente valiente, convencida a más no poder, que se juegan sus limitados recursos en un mercado competitivo y, a veces, cruel e injusto. Estos incomprendidos, estos benditos locos, necesitan el apoyo público para no morir en el intento de dar cauce al ingenio, mucho y genuino, que atesora el sector en este país.

Hasta que el Tribunal Constitucional diga la última palabra, el cine español se debate entre la incertidumbre y el desasosiego. El futuro se torna más complejo si cabe. Comparto las voces de alerta de los productores por lo que se les puede venir encima. “El cine español no puede sobrevivir sin la ayuda de las televisiones. Estamos viviendo un momento de gran inseguridad jurídica”, asegura Fernando Bovaira, productor de Ágora. “Es un problema de Estado, una decisión del Gobierno de si quiere que haya cine español o no”, añade Gerardo Herrero, productor de El secreto de sus ojos. Son reflexiones cargadas de pesadumbre recogidas hoy por El País.

No he hablado con mi amigo Antonio Pérez, productor andaluz con muchos títulos de buen recuerdo como Solas o Habana Blues que arriesga a diario su patrimonio, pero intuyo su lamento pese a su proverbial optimismo vital. Tampoco me olvido de mi amigo Gervasio Iglesias, otro luchador hasta la extenuación, que vive con pasión cada de una de las producciones en este tortuoso camino que recorre la creación en Andalucía y España.

Llega esta pésima noticia del Supremo en un trimestre en el que la oferta cinematográfica en español está descollando en las grandes pantallas, con piezas como Ágora, El secreto de tus ojos o Celda 211. Me dejo alguna atrás porque hay mucho y bueno entre lo que escoger. Confiemos que el Constitucional imponga la cordura y el sentido común para que no nos convirtamos en la única excepción en el conjunto de la Unión Europea. El arte y la cultura requieren de apoyo público y la legislación vigente, además de garantizar la supervivencia de este sector, supone una apuesta por nuestros valores y un freno a la contaminación globalizada de Hollywood.