Talantes

Algunos abusan de la mala memoria colectiva. Se aprovechan de la inercia de una ciudadanía que archiva con prontitud en la papelera de reciclaje el aluvión de información que se consume en el espacio público. Los bancos de datos o las hemerotecas, que son auténticos templos de contradicciones e incoherencias, permiten traer al presente asuntos que están en lo más profundo del baúl de los recuerdos.

El debate en el Congreso sobre el secuestro del atunero Alakrana ha puesto en evidencia con nitidez la actitud carroñera del PP en este asunto y ha demostrado que en política, en general, y cuando se está en la oposición, en particular, existen dos formas distintas de actuar. Es una cuestión de talante. No se entiende esa dinámica perversa de ir a degüello a las primeras de cambio, no resulta asumible esa falta de altura de miras y de visión de estado buscando con frenesí el desgaste del Ejecutivo, no hace país que un partido que dice ser alternativa ponga en solfa las instituciones y las reglas del juego y que nunca arrima el hombro en los momentos más dramáticos.

En el caso del Alakrana hemos visto la cara más siniestra del PP. Y con esto no quiero ocultar que el Gobierno haya cometido errores en la gestión de esta crisis tan compleja y alambicada provocada por el chantaje de un grupo de terroristas. Lo importante es que el secuestro tuvo un desenlace feliz y que las instancias públicas actuaron siempre dentro de los márgenes democráticos de un estado de derecho. Además, el Ejecutivo ha hecho autocrítica y ha tomado nota de los yerros cometidos para no tropezar de nuevo en la misma piedra (ojalá que no haya lugar a ello).

Pese a todo, el PP salió en tromba en una estrategia de ave de rapiña que se le ha vuelto en contra como un bumerán. Tirando de archivo, ha aparecido otro secuestro de dos empresarios españoles en Georgia en el año 2000 y la reacción de la entonces oposición socialista fue de colaboración y apoyo al Gobierno de José María Aznar y al entonces ministro de Interior, Mariano Rajoy. ¡Qué casualidad con las barbaridades que ha dicho el dirigente popular durante estas últimas semanas! La pesadilla de los dos retenidos en esa ex república soviética duró 373 días y Rajoy no se avino a reunirse con las familias hasta las vísperas del primer año del rapto. Con este lustroso expediente, el hoy presidente del PP no recibió el más mínimo reproche. ¿Fue su gestión en ese secuestro pésima, una chapuza o un monumento a la descoordinación y a la incompetencia? ¿Por qué el político pontevedrés se desenvuelve siempre con tanto cinismo o tanto desahogo? ¿Por qué da tantas lecciones cuando él tiene un pasado que no es ejemplar?

Soraya Sáenz de Santamaría, portavoz popular en la Carrera de San Jerónimo, se quedó de piedra cuando se rememoraron las andanzas de su jefe en el debate parlamentario. Antes había descerrajado desde el atril una sarta de lindezas e improperios contra el Gobierno. Con estos antecedentes, es para que a cualquiera se le caiga la cara de vergüenza. Y a Soraya, tras su intervención abrupta y corrosiva, se le notó demasiado la incomodidad y el arrobo producidos por la recuperación por parte de la vicepresidenta De la Vega de este episodio de la memoria reciente. Se quedó tan desubicada que se le escapó un airado “vámonos” cuando las cámaras la enfocaban. Pues eso, con esta oposición, apaga y vámonos.

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