El rico legado de Ayala

Se ha marchado esta semana uno de los grandes de las letras hispánicas. Con razón y justicia, se ha escrito todo y un poco más sobre Francisco Ayala en estos días. Más que hablar sobre este genio literario, será preferible recomendar una aproximación a su vasta y variada obra, una inmersión en su rico legado. Como aperitivo recojo unas perlas de las muchas que dejó escritas para la posteridad:

  • “El verdadero ejercicio intelectual no consiste en seguir modas, sino en encararse con las dificultades de la propia época”.
  • “Yo he tendido siempre a buscar un paraíso donde pudiera parecer que lo había y realmente lo he creado más o menos a mi alrededor, procurando vivir a fondo cada circunstancia”.
  • “Nos ha tocado a nosotros sondear el fondo de lo humano y contemplar los abismos de lo inhumano, desprendernos así de engaños, de falacias ideológicas, purgar el corazón, limpiar los ojos, y mirar al mundo, con una mirada que, si no expulsa y suprime todos los habituales prestigios del mal, los pone al descubierto y, de ese modo sutil, con sólo su simple verdad, los aniquila”.
  • “Habiendo leído a Maquiavelo por curiosidad profesional y aun por el puro gusto, no ignoraba que la política tiene sus reglas; que es una especie de ajedrez, y nada se adelanta con volcar el tablero”.
  • “La lectura obliga a desentrañar el contenido de un texto y, con ello, no sólo desarrolla las capacidades analíticas del lector en un sosegado raciocinio, sino que acostumbra al buen uso de las palabras del idioma con mayor soltura, amplitud, rigor y precisión, que lo habitual en la conversación corriente del precario vivir”.
  • “Mi vida es literaria, yo he vivido literariamente y creo que todos vivimos, en cierto modo, literariamente, pero sin saberlo o sabiéndolo; yo lo he sabido“.
  • “Cuando la tierra le expele a uno… Aunque allí nos acogieron con los brazos abiertos. Eso no me ha herido. Le doy a la patria un valor accidental, no es algo que afecte a la esencia de la persona, sino a su circunstancia”.
  • Hay siglos sedentarios y siglos que se mueven sin descanso. El nuestro [se refiere al XX] puede caracterizarse por su afán viajero: una gran inquietud evasiva recorre la espalda de nuestro mundo, estremeciéndole con el tatuaje confuso de sus cruzadas direcciones”.