Paripé

La crisis abisal del PP no está resuelta. La dirección nacional ha optado por una vía salomónica que no ha satisfecho a casi nadie. La llamada al orden a Esperanza Aguirre sobre Caja Madrid y la sanción pírrica impuesta a Manuel Cobo por sus viscerales manifestaciones contra la lideresa mantienen las espaldas en todo lo alto. Se ha abierto definitivamente la caja de Pandora y la guerra sin cuartel que libran la presidenta de Madrid y el alcalde de la capital de España, Alberto Ruiz Gallardón, sigue latente, queda aparcada de momento, permanece hibernada hasta una nueva escaramuza.

Todo suena a paripé, a guión escrito a uña de caballo para salir del atolladero, a aspirina usada como placebo para combatir una patología más grave. A Aguirre se le ha torcido la muñeca y ha tenido que sacrificar a su delfín, Ignacio González, pero se le han tolerado su insolencia, sus desplantes y sus desbarres. Cobo sólo ha recibido una sanción menor de suspensión de militancia sin especificación del límite temporal y se le deja seguir ejerciendo su labor institucional en el Ayuntamiento (vicealcalde y portavoz del PP). El Mundo ridiculiza la decisión del Comité de Garantías del PP al entender que al número dos de Gallardón continuará militando sin pagar cuotas. Una penalización más dura habría sido una andanada al propio alcalde de Madrid, de quien Cobo es uña y carne, y dar demasiado aire a la aguerrida Aguirre.

Se ha perpetrado un teatral carpetazo al conflicto sin sanear el mal de fondo, sin cortar de raíz las causas del escándalo. Además, han quedado en el aire unas palabras de Manuel Cobo, mucho más graves incluso que las invectivas contra la presidenta de la Comunidad, alertando sobre miedo por su integridad física. El vicealcalde tuvo una intervención ante el Comité Nacional para poner los pelos como escarpias en democracia: “Tengo miedo por mí, por mis hijos y por vuestros hijos“.

Algo no cuadra, salvo que Cobo haya sobreactuado delante de las barbas de Mariano Rajoy. Si se siente amenazado realmente, debería poner los pies en polvorosa y alejarse de ese presunto nido de alimañas. Si es verdad lo que sostiene Cobo, la dirección del PP tendría que investigar en profundidad y con rigor determinadas actitudes camorristas en el seno de su organización en Madrid. Ahora bien, si lo que plantea el vicealcalde no responde a la realidad, tendrían que ponerlo con urgencia de patitas en la calle. Rajoy no debe mirar a otra parte y tomar cartas de oficio para aclarar este delicado asunto sin dilación.