Huelga de ricos

Los gestores de la Liga de Fútbol Profesional (LFP) amenazan con una huelga en el deporte rey como protesta a una medida fiscal impulsada por el Gobierno para que los grandes jugadores foráneos que están enrolados en clubes españoles tributen igual que los nacionales. Los prebostes del chiringuito futbolero consideran que esta medida, como se ve a todas luces insolidaria e inoportuna, máxime en momentos de crisis económica y caída de la recaudación para afrontar los servicios públicos (es una ironía, a veces difícil explicitar por escrito), pone en riesgo la liga de las estrellas.

En concreto, el Congreso de los Diputados aprobará dentro de la Ley de Presupuestos un aumento de los impuestos para los deportistas extranjeros que acumulen menos de diez años de residencia en España y que ganen más de 600.000 euros. En la actualidad, los equipos de fútbol y sus fichajes de relumbrón se estaban aprovechando de una norma de 2002, la conocida como Ley Beckham, que perseguía facilitar la llegada a nuestro país de cerebros (investigadores, profesores universitarios, creadores y referentes del mundo de la cultura). Por esa gatera, o laguna jurídica, la famélica legión de futbolistas estaba cotizando sólo al 24%. A partir del 1 de enero de 2010, lo harán al 43%, tope del IRPF, y se armonizará los tipos con los que se aplican a estos bien pagados trabajadores en otros países de la Unión Europea.

La iniciativa, sin duda, pone orden en una tremenda injusticia social. ¡Cómo es posible que multimillonarios como Cristiano Ronaldo, Ibrahimovic o Agüero paguen a Hacienda igual que una médica de familia, un profesor de Primaria, una funcionaria o un empleado de banca! Si ya resultan escandalosos, incluso aberrantes, los emolumentos que perciben estos mimados gladiadores del siglo XXI, una cotización tan baja significa una agresión, una burla o una ofensa, o todo al mismo tiempo, para muchas familias que tienen dificultades para llegar a final de mes o para muchos parados que se quedan sin subsidio o ayuda pública.

La amenaza de la LFP suena a pataleta o berrinche de niño caprichoso. El anuncio de huelga se convertirá en agua de borrajas, en una pieza más de los anaqueles del olvido. ¿Quién va a secundar una movilización de ricos? ¿Quién va a salir a la calle para defender que se mantengan los privilegios de los opulentos? ¿Cómo no se les cae la cara de vergüenza a los barandas de la LFP? ¿Cuál es la catadura moral de esta gente que anteponen estas prebendas injustificables a la mejora, por ejemplo, de la educación o la sanidad públicas?

Alguacil alguacilado. La Liga de Fútbol Profesional se tendrá que comer su intento de chantaje. Se van a quedar más solos que la una. ¿Nos toman a todas y a todos por tontos?