¡¡¡La vida puede ser maravillosa!!!

Anoche me sobrecogía la noticia del fallecimiento del popular periodista Andrés Montes. Todavía tenía fresca en el recuerdo su despedida en septiembre de las pantallas de La Sexta en la exitosa final para España del Eurobasket 2009. Montes era un reportero pinturero y peculiar, guasón y zalamero, estridente y entrañable. Está claro que no pasaba desapercibido ni por su indumentaria (su sempiterna pajarita a lo Rigodón, sus camisas de colores chillones y sus chaquetas retros), ni por calva siempre brillante, ni por su locuacidad abrumadora. Había forjado un estilo propio, convertía las retransmisiones deportivas en un espectáculo, sus comentarios basculaban entre su profundo conocimiento de la materia, su deseo de llamar la atención para fijar a la audiencia y su acentuado sentido del humor. Para unos demasiada frivolidad y estrépito, para otros cercanía y amenidad. Puso de moda expresiones (tiki-taka, jugón, fútbol con fatatas…), inventó onomatopeyas imposibles para los grandes momentos (ra-ta-ta-ta-tá) y rebautizó o puso un apodo a la mayoría de los deportistas. Consiguió en un pispás el reconocimiento del público y el afecto de la chavalería. Lo conocí (entiéndase en sentido figurado) en las ondas de la fenecida Antena 3 Radio como especialista del mundo de la canasta. Desde entonces hemos tenido una relación regular a través de los partidos de la NBA (Canal +) o de las numerosas citas con el fútbol o el baloncesto en la cadena de Mediapro. Montes se fue anoche y me quedo con sus últimas palabras en el adiós en La Sexta: “La vida puede ser maravillosa”. Y en eso estamos, Andrés, cada uno a nuestra manera.