La hidra Gurtel

El monstruo del caso Gurtel, el mayor caso de corrupción desde la instauración de la democracia en España, crece y crece. La trama de corruptelas e irregularidades que acogota al Partido Popular se multiplica como una hidra de siete cabezas por toda la geografía patria. Ya han brotado una testa en Madrid y otra con inusitada fuerza en Valencia, que renace pese a los desesperados intentos de los amigos togados del presidente Camps por cercenarla. Una tercera cabeza ha surgido en Galicia y el cuerpo que alimenta todo el organismo parece estar en la sede nacional del primer partido de la oposición en la calle Génova de Madrid. La indagación policial no deja de arrojar frutos. Podría haber una cuarta en Andalucía en la medida que el presidente regional, Javier Arenas, aparece como uno de los interlocutores de los cabecillas de la estructura mafiosa.

Cada día nos encontramos nuevos datos que ponen evidencia la metástasis que invade y debilita la credibilidad del PP. Demasiados indicios, sustantivas pruebas. La investigación de jueces y Policía está desenredando un muy enmarañado ovillo de financiación ilegal, tráfico de influencias y malversación de fondos públicos.

Hace unos años, en los mentideros de Madrid ya se comentaba esta hipotética doble vida del PP y las andazas de Correas, Bigotes y otros pícaros contemporáneos que se movían a sus anchas en los aledaños populares, que operaban al calor del poder institucional de la derecha y presuntamente compartían beneficios con el partido que por aquel entonces dirigía José María Aznar. Dobles contabilidades y cajas b que habrían permitido el gran despliegue de fastos, convenciones, campañas publicitarias y otras zarandajas que eran el sueño imposible (o quizá la envidia) de sus adversarios políticos. Ahora nos podemos explicar tanto dispendio, tanta ampulosidad, tantas alharacas. Tiraban, de acuerdo con los informes policiales, con pólvora de rey. Todo este sucio tinglado está viendo poco a poco la luz como una excavación arqueológica. A día de hoy, ya ha emergido un escándalo de grandes proporciones que ha de tener consecuencias políticas y penales.

Los cabecillas de la red mafiosa tenían línea directa con Mariano Rajoy y otros destacados dirigentes, como Javier Arenas o Francisco Camps. Todos, a tenor del informe policial, de una forma u otra estaban al tanto de la estructura paralela que funcionaba en el partido y que supuestamente tenía en el tesorero nacional, Luis Bárcenas, el nexo unión entre lo legal y lo inconfesable.

Tanto silencio demuestra que hay gato encerrado. A medida que afloran nuevos detalles de la investigación, la cúpula del PP acentúa más su huida hacia delante, hacia el despeñadero de la ausencia de ética y de los asuntos turbios. A Rajoy le falta desenvolverse como Hércules y cortar de un solo golpe todas las cabezas de la hidra. Si no actúa contra la podredumbre, si mantiene el silencio cómplice y la búsqueda de enemigos ajenos, su particular monstruo del lago Lerna no dejará de crecer.

Ilustración.– La Comunidad de la Cadena Ser.

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