Chaqueteros

Leo unas palabras de Esteban González Pons, portavoz de la dirección nacional del PP, en una conferencia y se me ponen los pelos como escarpias. Dice el vocero del primer partido de la oposición sin inmutarse y sin ningún tipo de complejos: “Igual que trabajo para el PP, podría hacerlo para el PSOE“. No parece ni serio ni intelectualmente sostenible esa ambivalencia, esa capacidad de transformismo político, esa liviana frontera ideológica de algunos prebostes. No se puede ser al mismo tiempo de derechas y de izquierdas, del Real Madrid y el FC Barcelona o católico y musulmán, como dice el bolero, y no volverse loco. Es la salida propia, de cajón, natural de aquél que no cree en la política, del desahogado que se mueve por el propio interés o de un tránsfuga en potencia.

Esa versatilidad en política no cuela, carece de sentido y fundamento, salvo que se considere a ésta como un fin para otros objetivos adulterados e inconfesables. A esta noble vocación se llega por convicción, con un espíritu de servicio público y con principios, valores e ideas para transformar la sociedad. En la cosmovisión alicorta de González Pons cabe todo: es una cuestión de tragaderas y de una ética (moral en el pensamiento conservador) endeble, moldeable y de conveniencia.

Defiendo sacar al necesario bien que es la política del pimpampum de los descreídos, de los arribistas, de los ultraliberales y de los pudientes. Más que les pese, este poderosa palanca de transformación goza de buena salud. No se resiente de las agresiones permanentes de los chaqueteros, está inmunizada por fortuna contra este virus peligroso, aunque que hay que esforzarse por preservarla y protegerla de estos ataques inmisericordes y fanáticos.

Foto.El País.