La rana y el escorpión

Pierre Choderlos de Laclos nos obsequió hace un par de siglos con un manual sobre las amistades peligrosas, una excelente guía para huir de los riesgos innecesarios. Y es que las relaciones perversas nos conducen al despeñadero sin remisión. La vida también nos enseña que hay lobos con piel de cordero, pero siguen siendo lobos, no nos llamemos a engaño, y llegado el momento nos exhiben sus abigarradas fauces. El refranero te previene de criar cuervos…

Vivimos un episodio de ésos que cuesta digerir. Sería algo así como tragarse un gran sapo o quizá, por lo insospechado y estomagante del caso, un espinado erizo. Nos debatimos entre la sorpresa y la estupefacción por el arrebato de amor sobrevenido por parte del director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, hacia José Luis Rodríguez Zapatero a raíz del choque del Grupo Prisa, propietario de El País y principal antagonista de aquel diario, con el jefe del Ejecutivo por la regulación por la vía de urgencia de la TDT de pago. Este sorprendente romance y los piropos exagerados de Pedro J. me mosquean, no pueden ser más que un sentimiento interesado y oportunista del ínclito y amarillo periodista, que ya pasará su cruel factura. Esta antinatural alianza, promovida desde la redacción del rotativo con fines espurios, me recuerda a la fábula de la rana y el escorpión.

Un escorpión, que deseaba atravesar el río, le dijo a una rana:
– Llévame a tu espalda.
– ¿Que te lleve a mi espalda? -contestó la rana-. ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco! Si te llevo en mi espalda, me picarás y me matarás.
– No seas estúpida -le replicó el escorpión-. No ves que si te pico, te hundirás en el agua y que yo, como no sé nadar, también me ahogaré.
Los dos animales siguieron discutiendo hasta que el escorpión persuadió a la rana. Ésta lo cargó sobre su resbaladiza espalda, donde él se agarró y empezaron la travesía. Llegados al medio del gran río, allí donde se crean los remolinos, de repente el escorpión picó a la rana. Ésta sintió que el veneno mortal se extendía por su cuerpo y, mientras se ahogaba, y con ella el escorpión, le gritó:
-¡Ves, te lo había dicho! ¿Pero qué has hecho?
-No puedo evitarlo -contestó el escorpión antes de desaparecer en las aguas-. Es mi naturaleza.

No nos podemos fiar nunca del escorpión. A las primeras de cambio saca el aguijón y te fulmina. Esperemos que Zapatero tenga fresca la moraleja de esta fábula y no se deje seducir por cantos de sirena. No hay que remontarse muy atrás para echarse a temblar y conocer la catadura moral de este vanidoso personaje de los tirantes. El que hoy se deshace en elogios para con el presidente del Gobierno alimentó una teoría conspirativa para deslegitimar la victoria socialista en marzo de 2004, poniendo en entredicho incluso los pilares del estado de derecho. Con este compañero de viaje hay que tener siempre bien cubierta la retaguardia, al menor descuido blande su pérfida arma y muestra su malévola naturaleza.