Disparadero vil

Algunos disparan y a continuación preguntan. O lo que es peor, se aferran al tan recurrente ‘ensucia que algo queda’. En política se da con demasiada frecuencia esa dinámica perversa de emborronar el expediente del adversario y cuando la realidad demuestra lo contrario, se mira hacia otro lado y si te he visto, no me acuerdo… O quítate las manchas como puedas y a otra cosa, mariposa. Esa ausencia de respeto cívico es intolerable en la vida pública.

Nos topamos ayer con uno de estos episodios viles, sonrojantes y lamentables que suelen convertir el espacio público en un gallinero desabrido y cansino para la ciudadanía. El portavoz del PP en la Diputación de Granada, un presunto caballero que responde al nombre de José Antonio Robles, descerrajó una de esas habituales insidias al albur de una mal entendida libertad de expresión. Vinculó la remodelación del equipo de diputados socialistas en la corporación a un intento del secretario general del PSOE en Granada, Francisco Álvarez de la Chica, de enchufar a su yerno. Lo que no sabía (y si lo sabía, resultaría tremebundo) ese malintencionado politicastro es que la hija de Álvarez de la Chica es menor de edad: tiene tan sólo 14 años.

Una metedura de pata de este calibre exige una rectificación inmediata. Más bien exigiría porque no se va a producir. Ya se conocen unos cuantos casos como éste y el calumniador mete la cabeza debajo de la tierra como los avestruces. Los dos patinazos más sonados recientemente tuvieron como protagonista a la portavoz del PP en el Parlamento de Andalucía, Esperanza Oña. Primero, acusó a la entonces consejera Evangelina Naranjo de colocar a dos hermanos en la Junta y se demostró que eran dos funcionarios con los mismos apellidos que la responsable socialista pero sin ningún tipo de parentesco. Segundo, imputó el enchufe de un hermano al también ya ex consejero Gaspar Zarrías siendo éste hijo único. Un despropósito, un error garrafal o una agresión aviesa que se saldó sin reparación ni petición de disculpas.

Este último incidente en Granada no se va a quedar en agua de borrajas, salvo que Robles acepte con humildad que ha pasado todas las líneas rojas en su afán de obtener un titular de prensa. Si no hace un ejercicio público de contrición tras estas aberrantes y descabelladas palabras, Álvarez de la Chica piensa poner las declaraciones en conocimiento del Defensor del Menor a fin de proteger los derechos y la intimidad de su hija. También los órganos superiores del PP deberían tomar cartas en el asunto y reconvenir la actitud de su representante en la Diputación de Granada.

No albergo ninguna esperanza ni de que el interfecto ni sus jefes reconozcan este profundo dislate. Este episodio pone de nuevo sobre la mesa el debate sobre los medios y los fines en política. No todo vale para arañar un puñado de votos.  Hay medios repugnantes para alcanzar réditos electorales… La salida de tono de ese presunto caballero que responde al nombre de José Antonio Robles produce náuseas.