La lección de Benidorm

Benidorm, el exitoso reclamo turístico de la costa de Alicante, se ha convertido esta semana en codiciado objeto de deseo y en banco de pruebas de prácticas políticas. Un grupo de doce concejales del PSOE se ha aliado con un tránsfuga del PP para presentar una moción de censura y desposeer al alcalde popular del bastón de mando. La reacción de la dirección federal socialista ha sido exquisita y edificante: ha condenado la maniobra de sus ediles y ha puesto a la docena de díscolos de patitas en la calle, aunque un minuto antes de recibir la carta de expulsión estos doce apóstoles se han dado de baja y han devuelto el carnet con el puño y la rosa.

La respuesta del PSOE se puede catalogar de ejemplar y acorde con el Pacto contra el Transfuguismo suscrito por los principales partido hace ya una década.  A la secretaria de Organización socialista, Leire Pajín, no le ha temblado el pulso y eso que entre los doce rebeldes se encontraba su madre, María Iraola. La credibilidad ante la ciudadanía se gana con gestos rotundos e inequívocos. El PSOE ha dado la cara y ha estado a la altura de las circunstancias. Hay que cerrar las puertas a los filibusteros de la política, dar la espalda a las malas prácticas.

En la otra acera, nos hemos encontrado con un PP histriónico y que ha puesto el grito en el cielo. Está recibiendo la factura de la ley del Talión. A principio de la década de los noventa, Eduardo Zaplana llegó a la alcaldía con una operación similar y no ocurrió nada. Es más, a Zaplana le sirvió esa sucia jugarreta para llegar a la presidencia de la Generalitat valenciana y, unos años después, al Ministerio de Trabajo.

Este episodio pertenece a los tiempos de María Castaña. No hay que remontarse tanto en la historia ni salir de la costa levantina para encontrar abordajes de concejales populares a sillones municipales con el apoyo de tránsfugas: en este mandato han robado las alcaldías de Denia, Villajoyosa y La Vall de Laguar. También en Andalucía acumulan casos de piratería para sacar los colores a cualquiera (hace un par de días que quieren derribar en la localidad cordobesa de Posadas al alcalde socialista con una díscolo de IU).

Y digo de piratería, con conocimiento y argumentos, porque la dirección del PP no ha expulsado de sus filas a ninguno de sus ediles que han roto el Pacto contra el Transfuguismo. No ha movido ni un dedo para separarse de la gangrena. Todos los indisciplinados siguen dentro del partido que dirige Mariano Rajoy. Su portavoz nacional, Esteban González Pons, ha confirmado que no piensan echar a ninguno de sus ediles aprovechados. Otro ejemplo más del distinto rasero o de la doble vara de medir que esgrime el PP con tanto desahogo y falta de pudor.

Foto.- Leire Pajín, en un acto en Benidorm en mayo pasado.