Por un puñado de votos

Rajoy y Camps

Cada cual está en su derecho de organizar tantos rituales, aquelarres u orgías le vengan en gana. Como si quiere hacer una función o montar un circo cada día: ayer en la plaza de toros de Valencia, hoy en el coso madrileño de las Ventas y mañana en la Monumental de Barcelona o en la Maestranza de Sevilla. ¡Será por ruedos en España! ¡O por corridas! No se trata más que de gozar de suficientes recursos económicos y de contar con una extraordinaria capacidad de convocatoria. Y también de presentar un buen cartel, con toreros solventes.

Mariano Rajoy ha preparado como arranque del curso político una gira propia de las estrellas de la canción. Su romería de actos comenzó anoche en la ciudad del Turia, con una cena-mitin ante unas 2.000 personas para arropar, fundamentalmente, al presidente de los trajes de Milano. Este forzado y poco imaginativo cierre de filas desnuda la debilidad de homenajeado y pone de nuevo sobre la mesa los argumentos del escarnio. Francisco Camps ha estado durante años renovando por la cara su armario gracias a los regalos de una red corrupta (caso Gürtel, con más de cien imputados entre cargos del PP, empresarios y gente de mal vivir). Será delito o no, pero no cabe duda que Camps se ha beneficiado de su condición de hombre público para recibir importantes regalos. Esa mancha no hay acto de desagravio que la borre del imaginario colectivo.

Y no sólo se ha limitado a aceptar obsequios de dudoso origen y con sospechosas pretensiones, sino que ha mentido abiertamente a la ciudadanía. Dijo que la acusación de los trajes era falsa y el sumario judicial ha demostrado la realidad de los óbolos. Desde la tribuna, Camps, furioso como los animales acorralados, siguió anoche al dedillo el guión de campaña: “Yo quiero democracia, libertad, justicia, trabajo y sueños. Jueces y fiscales han de trabajar al servicio de todos. El PSOE intenta instalar un régimen de terror“. No es víctima de ninguna persecución, más bien es prófugo de unas disculpas públicas y de la asunción de sus responsabilidades políticas, a la espera de la resolución del recurso de la Fiscalía Anticorrupción por el archivo el caso. Tampoco se puede hablar de un ataque a Valencia, sí de una investigación judicial para acabar con los desmanes de una banda de presuntos delincuentes que campaban a sus anchas por la Generalitat.

El tema estrella de este tour del presidente del PP será, por tanto, la teoría de la conspiración. Una cortina de espeso humo que han lanzado los estrategas del primer partido de la oposición para tapar o, al menos, difuminar el gran escándalo que supone el caso Gürtel. Rajoy está dispuesto a tomar cualquier atajo, por inmoral que sea, con tal de conseguir llegar a la Moncloa en su tercer intento. Ya ha puesto a todos sus peones a trabajar en esa línea. Allá él: no parece serio ni edificante poner en entredicho los pilares del estado de derecho para desgastar al adversario y obtener (si es que lo consigue) un miserable puñado de votos. Esta maniobra es propia de un partido extremista o antisistema y no de uno que se arroga ser alternativa de gobierno. El PP cree haber pillado un buen bocado y no lo quiere soltar. La sociedad ya les pasará factura por esta irresponsabilidad.

Foto.- El País.