Canallada

Hay gente que no se para ante nada con tal de conseguir sus objetivos, que son capaces de renunciar a los más elementales principios de la competencia democrática, de pisotear la decencia, de manchar vilmente el honor del adversario, de recurrir al juego sucio y a las malas artes… Y todo no vale en política. Estamos asistiendo en las últimas semanas a una cacería tan injusta como abyecta contra el vicepresidente del Gobierno y ex presidente de la Junta, Manuel Chaves, una persona de bien y un político honesto, probo e íntegro como ningún otro.

Al Partido Popular le da igual la verdad, sólo le mueve su beneficio partidista en una operación que le debería dar vergüenza a esta familia de confesión y comunión diarias. La falsa coartada para este furibundo ataque es la concesión de una subvención a la empresa Minas de Aguas Teñidas (Matsa), empresa en la que la hija de Chaves comenzó a trabajar como apoderada una vez resuelto el expediente por parte de la Junta de Andalucía. Un procedimiento que se ha ajustado escrupulosamente a la legalidad, en el que se han aplicado los mismos criterios que a otros centenares de empresas que se han acogido a esa línea de incentivos a la producción. Por tanto, no hay ninguna irregularidad, ninguna anomalía, ningún tipo de favoritismo que justifique la campaña infame del PP.

Además, como no hay nada que ocultar, se ha actuado con total transparencia y la oposición ha tenido acceso al expediente desde el mes de enero. Está todo tan claro que el PP ha presentado una querella ante el Tribunal Supremo y la ha acabado retirando con una pirueta esperpéntica ante el temor de un eventual archivo por su inconsistencia y la ausencia de indicios de ilegalidad.

Se nota aquí la mano aviesa del presidente del PP andaluz, Javier Arenas. Un cargo político que actúa a impulsos de su manía persecutoria hacia Manuel Chaves, una persona con una moralidad vaporosa, que deja mucho que desear y que se desenvuelve en el espacio público con las vísceras, que no soporta que en socialista honrado le haya ganado tres veces las elecciones y, como digiere mal las derrotas, reacciona con odio y resentimiento ante su rival político. No le demos más vueltas: sabemos de sobra quién es el responsable de esta auténtica canallada.

Con esta maniobra mezquina, el PP pretende de camino lanzar una cortina de humo para tapar el escándalo del caso Gurtel, que vincula a una trama de presunta corrupción a un nutrido grupo de destacados dirigentes del primer partido de la oposición, incluido su tesorero nacional, Luis Bárcenas. Algún día, Arenas tendrá que dar algunas explicaciones sobre esta fosa séptica ubicada en los aledaños de su formación política porque fue secretario general en la época en que se produjeron la mayoría de los episodios negros investigados ahora por la justicia.

Un pensamiento en “Canallada

  1. El problema es el de siempre “la mujer del César no tiene que serlo sino parecerlo”, desde mi punto de vista ha fallado al estrategia de comunicación del partido, saber reaccionar, adelantarse a algo previsto, que el PP quiera tapar toda su mierda huyendo hacia adelante, salpicando para que la ciudadanía diga “todos son iguales”.
    Salud, compañero

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