Genio y figura…

…hasta la sepultura. Michael Jackson ha bajado el telón para siempre. Se nos va un genio en su faceta creadora y un ser excéntrico en el ámbito personal. Hay un consenso generalizado en torno a su legado artístico: fue el rey del pop del siglo XX. Su discografía ha marcado una época (¡cuántas veces hemos bailado y cantado sus temas!) desde sus comienzos con The Jackson Five hasta su explosión internacional en solitario en los ochenta. Su álbum Thriller es el que más copias ha vendido de toda la historia de la música, un registro que demuestra la relevancia y el nivel de una figura única y grande, con una voz prodigiosa, unas sensacionales coreografías, unas cualidades artísticas descomunales y un olfato comercial enviadiable.

El hombre es ya otro cantar. No supo digerir ni su color de piel ni su éxito. En la década de los noventa entró en un proceso de autodestrucción que ha precipitado su muerte, con sólo 50 años, cuando todos sus admiradores esperaban su regreso a los escenarios este verano. Su vida privada, que ha estado marcada por sus obsesiones, sus extravagancias y los escándalos, ha empañado una carrera musical encomiable. Sus problemas con el fisco y las acusaciones de pederastia han hecho trizas esta recta final de Michael Jackson, lo han condenado a un adiós menos luminoso y excepcional del que se merecía esta figura indiscutible del pop . Todos somos responsables de nuestros actos y, ya se sabe, la fama es efímera.