Sevilla, al rojo vivo

Sevilla en esta época del año se torna inhabitable. Cuando se aproxima el solsticio de verano, se pone incandescente, al rojo vivo. El sol cae a plomo y la ciudad empieza a derretirse, las calles crepitan como hogueras y los transeúntes buscan el refugio de una sombra huidiza y reconfortante. Si los días son asfixiantes, las noches son una condena con una temperatura por encima del umbral del sueño. Te aferras al aire acondicionado o al tradicional ventilador de techo como tabla de salvación. No se descansa igual y se busca la mínima ráfaga de viento que refresque el ambiente. Sevilla le da vacaciones hasta septiembre a su embrujo y sus gentes aprovechamos la más mínima oportunidad para salir corriendo despavoridos al litoral. Falta más de un mes para el descanso estival y, como todos los años, nos queda un suplicio tórrido por delante. Nada nuevo, pero no por ello deja de ser duro.