Maquillaje

Sombra aquí, sombra allá, maquíllate, maquíllate… No es de extrañar que los hombres y mujeres que se dedican (o nos dedicamos) a la política cuiden (o cuidemos) nuestra imagen, especialmente en las comparecencias ante los medios de comunicación. Las mejores galas, las sonrisas más amplias, las poses más atractivas, retoques en fotografías que dejan en evidencia al mejor cirujano estético, tintes para camuflar canas indomables… Eso forma parte del juego de las relaciones sociales y es moneda común en la arena política. En esta sociedad de la imagen nadie, sea político o no, se abstrae de la colaboración de la cosmética, los afeites y los polvos para realzar la figura. Lo que no suele habitual es que un primer ministro desvele sus misterios de belleza. Y no ha sido de manera voluntaria, sino por el despiste de un colaborador. Según cuenta el diario The Sun, un secretario del jefe del Gobierno británico, Gordon Brown, olvidó en un taxi un documento con las técnicas que usa su jefe para mejorar su expresión facial. Y bien que se afana y se gasta en potingues Brown, un superdotado de 58 años que no acaba de levantar cabeza desde que sustituyó a Tony Blair en Downing Street. El primer ministro aplica todo tipo de trucos para sacarse partido: aplicar una base iluminadora, una pomada antiarrugas, un delineador de ojos, una capa de crema maquilladora de manera uniforme, incluyendo las orejas, para que no haya contraste, y polvos de terracota para matar los brillos. Tiene mano de obra tanto preparativo. No conozco a ningún político de género masculino de mi entorno cercano que dedique tanto tiempo y esfuerzo en su aderezo personal. Quién sabe si se pondrá de moda por estos lares en un futuro cercano. Todo se andará.