Agur Ibarretxe

Se ha ido malencarado y dando un portazo con soberbia e ira. No quiero hacer leña del árbol caído por pudor (es demasiado fácil y a la vez mezquino),  por respeto a una trayectoria (que no comparto y con demasiados oscuros) y a la ciudadanía que le ha dado su apoyo durante años. Tampoco quiero expresarme desde el subjetivismo de mi sintonía política y mi admiración hacia Patxi López. Sin embargo, es una evidencia irrebatible que Juan José Ibarretxe y el PNV no han digerido bien el veredicto de la sociedad de Euskadi. El electorado no les ha dado el apoyo suficiente para mantener el Gobierno. Una buena noticia para el conjunto de España y, en especial, para un pueblo vasco harto ya de tanto frentismo y crispación, que reclama puentes, entendimiento, tolerancia, concordia… Ibarretxe ofreció ayer mucho de lo primero y poco o nada de lo segundo en su intervención ante el Parlamento en la sesión de investidura. No ha entendido nada, está encastillado en su dogmatismo, y quizá por eso se cargaron en su día a Josu Jon Imaz, lo consideraban tibio y revisionista. Es sin duda la hora del cambio, de la bocanada de aire fresco, de la mano tendida y el corazón limpio, de superar clichés impostados, de la apertura desde la salvaguarda de las señas de identidad, del progreso sin rémoras ni chantajes. Patxi López tiene una oportunidad histórica de normalizar la convivencia en Euskadi gobernando para todos y todas. Que los tirios no caigan en la tentación de echarse al monte, haciendo causa común con el radicalismo aberzale, ni que los troyanos pretendan pasar factura, azuzar el rencor y jugar a la deslealtad con el nuevo lehendakari. Se abre una nueva etapa en Euskadi, una ventana abierta a la esperanza y…  a la tan ansiada PAZ.

Foto: El País.

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