Falsas víctimas

Al PP le está cayendo encima un fuerte chaparrón de presuntas corrupciones. La respuesta no puede ser más decepcionante desde el punto de vista democrático. Le echan la culpa al empedrado. Se dedican a lanzar cortinas de humo para tapar la cruda realidad que van desgranando los medios de comunicación. Se agarraron como un clavo ardiendo a una simple cacería y, desaparecido del escenario político Mariano Fernández Bermejo, arremeten contra el magistrado instructor de la causa, Baltasar Garzón. Resulta insólito este ataque sin escrúpulos a la administración de justicia y a las fuerzas de seguridad del Estado, que simplemente cumplen su deber y velan por la salud del sistema. Una presión inaudita, una intimidación intolerable, una beligerancia inasumible en democracia porque socava los pilares del estado de derecho. Posiblemente, sea sólo una maniobra de dilación para pasar el rubicón del 1 de marzo, día de elecciones en Euskadi y Galicia, con el menor daño posible por el escándalo descubierto, al que le salen tentáculos por todos sitios, el último en Jerez en la corta etapa de gobierno popular. Juegan al victimismo falso insinuando con poca alturas de miras una conspiración contra el PP. Le importan un rábano las reglas del juego. Allá ellos.