44

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Este dígito exige una mínima reflexión, sin dolor y con regocijo. No me pesan ni los años y mucho menos los kilos… Pero hoy sumo 44 febreros. ¡Qué cifra tan simétrica! ¡Y contundente! Da un poco de vértigo. Me lo dice el DNI y, a pesar de los pesares, es lo que hay. No me veo yo con esa losa de madurez en mis espaldas. El paso del tiempo es irreversible. Ahora bien, la edad vegetativa avanza a más velocidad que la mental. O incluso que la sentimental. Mis neuronas (al menos las que me quedan) están en forma y mi corazón bombea aún con fuerza. Soplo las velas y deseo que el cuentakilómetros siga funcionando… Con alegría, por supuesto.

¡ESTÁ BIEN!
Amado Nervo

Porque contemplo aún albas radiosas
y hay rosas, muchas rosas, muchas rosas
en que tiembla el lucero de Belén,
y hay rosas, muchas rosas, muchas rosas
gracias, ¡está bien!

Porque en las tardes, con sutil desmayo,
piadosamente besa el sol mi sien,
y aun la transfigura con su rayo:
gracias, ¡está bien!

Porque en las noches una voz me nombra
(¡voz de quien yo me sél), y hay un edén
escondido en los pliegues de mi sombra:
gracias, ¡está bien!

Porque hasta el mal en mí don es del cielo,
pues que, al minarme va, con rudo celo,
desmoronando mi prisión también;
porque se acerca ya mi primer vuelo:
gracias, ¡está bien!